Under Pressure x Queen

Presión
Aplastándome
presión aplastándote a ti
ningún hombre la pide.
Bajo presión
Ese fuego que
derriba un edificio
divide a una familia en dos,
pone a l gente en las calles.

La maldita máquina de matar x Billy Bond y la pesada del Rock and Roll

Tengo que derretir esa máquina de matar,
tengo que derretir esa maldita máquina de matar.
Para que nunca más vuelva
a destruir lo que hacemos con amor, amor.

Desencuentro x Almafuerte

Estás desorientado y no sabés,
qué bondi hay que tomar, para seguir.
Y en triste desencuentro con la fé,
querés cruzar el mar, y no podés.
La araña que salvaste te picó.
Qué vas a hacer.
Y el hombre que ayudaste te hizo mal,
dale que vá.
Y todo un carnaval, gritando pisoteó,
la mano fraternal que Dios te dió.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Éric Sadin: "ChatGPT es un movimiento civilizatorio de profundas consecuencias antropológicas"

 

Bajo el título “Filosofía del metaverso y ChatGPT”, el autor de La era del individuo tirano alertó sobre "los riesgos de ceder el control de nuestro lenguaje". Sadin dedicó el primer tramo de su intervención a recordar al periodista de PáginaI12 Eduardo Febbro, recientemente fallecido.


Fuente: https://www.pagina12.com.ar/


Ante una sala colmada, con un tono encendido y espíritu performático, el filósofo francés Éric Sadin se presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires y, en una intervención de carácter urgente, llamó a cuestionar el avance indiscriminado y acelerado de la inteligencia artificial en distintas áreas de nuestras vidas, un fenómeno que no dudó en considerar como un “movimiento civilizatorio”: “No corresponde que ciertos ingenieros desconectados de la realidad tengan la llave del destino de la humanidad y que, encima, entren caminando por una alfombra roja”.

Bajo el título “Filosofía del metaverso y ChatGPT”, Sadin expuso durante más de una hora y orientado por las preguntas del periodista Facundo Carmona. Se disculpó por no poder expresarse en castellano sobre “un tema tan relevante para el lenguaje” y dedicó el primer tramo de su intervención a recordar al periodista argentino Eduardo Febbro, quien falleció en París en abril. “Eduardo, como corresponsal de PáginaI 12 en Francia, me propuso en 2013 hacer una entrevista para el diario y así nació mi relación con Argentina, con la editorial Caja Negra y con el resto de Latinoamérica. Quiero homenajearlo porque era un gran conocedor del pensamiento francés y porque le debo mucho. Estoy muy agradecido por el interés que demostró por mi trabajo y por la fidelidad que demostró con mis libros”, dijo, emocionado, ante el público.

“¿Qué es la inteligencia artificial? No lo sé. Llevo años intentando desarrollar esa definición, pero hasta qué punto estas tecnologías se pegan a nuestro discurso es estremecedor", analizó el autor de La inteligencia artificial o el desafío del siglo, La siliconización del mundo y La era del individuo tirano, todos publicados por Caja Negra. En esa misma línea, marcó en qué medida la llegada de ChatGPT, la tecnología de Inteligencia Artificial generativa, implica un quiebre: “En el momento en el que las tecnologías dotadas de capacidad de habla se consolidaron y todos nos acostumbramos a que nos hable Siri con una voz humana y agradable, espectral…justo ahí aparece ChatGPT, un sistema que solicita instrucciones y que nos vuelve caprichosos”. Para Sadin, la relación con la instrucción se metió en nuestra relación con el lenguaje y aporta a la “abyección civilizatoria”, que nos aleja de “hacer, de crear, de la política, de la lucha y de todo lo que exceda dar instrucciones”.

Con la frescura y el desparpajo de un estrella de rock y ante una larga fila de personas que se agolpó en la puerta de la sala Carlos Gorostiza, el filósofo fue el primero en ingresar. En ese preciso momento fue abordado por una empleada de la Feria que le consultó su “arroba en Instagram para compartir en las redes de la Feria”. “Ouch, no. No uso redes sociales”, le dijo con amabilidad el filósofo, quien en el marco de la charla que dio minutos después, no dudó en llamar llamar “criminales” a los ingenieros de Facebook que consideran a la democratización de la Inteligencia artificial como de “una nueva ilustración”.
Sadin se metió de lleno en el tema más urgente para el pensamiento y las ciencias sociales: la aparición de ChatGPT y su impacto en la educación, en el mercado laboral y en el presente más urgente. “Necesitamos menos periodismo y más pensamiento. En estos últimos años nos dimos cuenta de las cosas cuando ya era tarde. Hay que intentar captar lo que viene y qué efectos de consciencia puede engendrar”, sostuvo sobre el rol de la filosofía ante semejante coyuntura.

Sadin consideró que los tiempos se aceleraron entre octubre de 2021, cuando Mark Zuckerberg difundió “un video pregrabado en el que solito ante una cámara nos anunció a todos la llegada del metaverso”, y diciembre de 2022 cuando “se produjo un terremoto con la irrupción de ChatGPT”. “Es un gran error conceptual y moral hablar de ´adicción a la tecnología´. No existe tal cosa, lo que hay es una condición existencial pixelizada inaugurada con la llegada de los smartphones y que dejó nuestra existencia atada a las pantallas”, puntualizó.

Para Sadin, ya no son sistemas que organizan mejor las acciones para la vida humana sino que les podemos encargar “la facultad de tomar el relevo y de ocuparse de nuestras facultades humanas más fundamentales: el lenguaje y la representación de la imagen. Y esto es un movimiento civilizatorio de profundas consecuencias antropológicas”. El cambio es de tal magnitud que considera que “se está redefiniendo el estatuto del ser humano”: “Ya no es solo la relación con el tiempo y el espacio sino qué se espera del humano. Y esta ruptura tan fuerte es reducida, desnaturalizada y presentada como una evolución casi normal del curso de la historia”.

Al ser consultado por la solicitada firmada hace un mes por magnates como Elon Musk e intelectuales como Yuval Harari en la que pidieron una pausa en el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), Sadin recurrió a su desparpajo e ironía para responder: “Sí, sí, Harari es un historiador… ¡pero uno prehistórico! que de pronto se pone a hablar sobre IA. Y eso se escucha con valor de suma verdad. Hasta cuando vamos a soportar esto, es increíble. Y bueno, Elon Musk es esquizofrénico. Es una de las caras de la tecnologización de nuestras vidas y del desarrollo de la IA y ahora nos dicen que el mundo que viene es extraordinario pero que tengamos cuidado porque puede ser una catástrofe. Es de una incoherencia que no va a ninguna parte”.

Sadin entiende que “vivimos un cambio de estatuto de las tecnologías respecto de la enunciación de la verdad: ya no solo pueden recolectar y manipular datos, sino que además se suma la capacidad de procesarlos, evaluarlos, diagnosticarlos para después decirnos qué debemos hacer. Las tecnologías de poder combinatorio tienen el poder de sugerirnos acción y de decirnos qué es verdad y qué no. Y eso es peligrosísimo porque la idea de verdad tiene un efecto performático, influye en aquello que decidimos hacer”.

¿Qué hacer ante este panorama? “Bueno, podemos prohibirlo al considerar que se ha ido demasiado lejos y mandar a todos estos magnates a hacer permacultura, pero no creo que tengamos mucho éxito. Creo que es necesario movilizar a la sociedad y recurrir a su interposición. Que los maestros, los científicos, los políticos, los estudiantes pongan sobre la mesa cuáles son los riesgos de ceder el control de nuestro lenguaje", dijo.

Sadin cerró su presentación en la Feria del Libro con un llamado para despabilar a la sociedad civil: "No corresponde que ciertos ingenieros desconectados de la realidad tengan la llave del destino de la humanidad y que, encima, entren caminando por una alfombra roja”


miércoles, 30 de noviembre de 2022

Pedidos Ya y Rappi: Qué pasa cuando el jefe es un algoritmo

 

Con la robótica y las herramientas digitales el mundo del trabajo está sufriendo una transformación radical. Los casos de Pedidos Ya y Rappi como punta de lanza del cambio en las relaciones laborales, con derechos básicos negados a los trabajadores, que tiende a expandirse en toda la economía.  

David Cufré
Por David Cufré
Fuente: Página 12


Algunos autores lo definen como capitalismo de vigilancia. Otros lo llaman capitalismo digital o capitalismo de plataformas. Es el nuevo modelo productivo a partir de la emergencia de Internet y la recolección de datos que esta generó. A este proceso también se lo categoriza como la cuarta revolución industrial, que al igual que las anteriores, define nuevas reglas en las relaciones laborales. Todavía alcanza de manera directa a un número acotado de trabajadores, lo que facilita su expansión con criterios autodefinidos por las corporaciones que están detrás, algunas de las más grandes del mundo, pasando por arriba de regulaciones y Estados. 

Pero el desarrollo de la robótica, la programación y las herramientas digitales tiende a consolidar nuevos patrones para el mundo del trabajo en el resto de la economía. En Argentina esa transformación está en plena ejecución.

Así lo plantea una investigación del centro de estudios Fundar, que analiza lo que se conoce como gestión algorítmica del trabajo, para concluir que se necesita de manera urgente innovar en regulaciones para proteger a los trabajadores ante el cambio de paradigma de la producción.

"La economía de plataformas digitales se transformó en la vanguardia de las nuevas formas de producción capitalista en el siglo XXI", explican los autores, Juan Manuel Ottaviano, Sebastián Etchemendy y Sofía Scaserra. "Su principal objetivo -siguen- es el control de la intermediación a través de plataformas digitales entre pasajeros y conductores de transporte (Uber); compradores y vendedores de bienes (Amazon o Mercado Libre); usuarios masivos de información y sus proveedores (Facebook, Google); creadores y consumidores de entretenimiento cultural (Spotify, Netflix); o entre consumidores y negocios de comida (Rappi, PedidosYa, Uber Eats)".

En todos los casos, transporte, retail, información, entretenimiento o comidas, la clave  para la expansión de los negocios no son tanto los productos o servicios ofrecidos sino el procesamiento de la información que surge de los actores que participan de su producción, distribución y consumo. "El capitalismo digital utiliza los datos como materia prima para la venta de información en el mercado. Información actual y futura. Es decir, constituye un producto predictivo que, al anticipar conductas, permite dirigirlas o influenciarlas, a fin de optimizar procesos y hacerlos más veloces y rentables", explica el documento de Fundar. 

173 datos 

Lo que hacen las plataformas con las nuevas herramientas tecnológicas disponibles es transformar en datos todo tipo de información que surge del proceso de compra, venta y entrega de productos o utilización de servicios. Estos datos luego son utilizados para optimizar las prestaciones y generar mayor demanda a las propias plataformas.

"Los sistemas de gestión algorítmica diseñados a partir de inteligencia artificial permiten procesar los datos teniendo en cuenta resultados pasados, para aprender y perfeccionar el propio sistema de análisis, a fin de mejorar sus resultados", señalan los investigadores.

En el caso particular de las plataformas de delivery, como Pedidos Ya y Rappi, los analistas pudieron detectar 173 datos que extraen de los propios clientes al dar consentimiento a las bases y condiciones de las aplicaciones, de los comercios que elaboran las comidas, de los trabajadores que la reparten y de la misma plataforma. 

Algunos ejemplos para el caso del cliente son si utiliza billetera electrónica, tarjeta de crédito o débito, la calificación que asigna a las comidas y al servicio de delivery, la geolocalización, a qué hora hace los pedidos, si utiliza o no promociones, la fecha de nacimiento, qué dispositivo utiliza y cuál es su proveedor de Internet, el mail y los pedidos realizados, entre otros. En total son 50 datos que las plataformas "blanquean" que toman de sus clientes.

Para los comercios son otros 32 datos, como los reclamos o incidencias que hayan tenido, las promociones, los pedidos aceptados y rechazados, el menú, los horarios de atención, fotos de los productos, fecha y hora de despacho de cada venta y hasta el hardware que utiliza el establecimiento.

De los trabajadores también extraen información. Son otros 56 datos, como cantidad de pedidos aceptados, entregados o rechazados, la velocidad para realizar los traslados, las zonas que recorren, los kilómetros transitados, las capacitaciones recibidas, los comercios donde retiran, además de datos personales y del vehículo.

Finalmente, la propia plataforma genera información valiosa. Son al menos 35 datos, siempre según lo reconocido por las empresas en las bases y condiciones. Por ejemplo, las promociones enviadas a los clientes, a los comercios y a los propios trabajadores, encuestas, precios de los pedidos, costos de los envíos y fechas de pago a los comercios.

El negocio del dato

El procesamiento con inteligencia artificial de toda esa información, más las que pueden obtener por otros canales, es la clave del negocio de las plataformas. Pero es un modelo que tiende a expandirse por la economía.

"Siemens utiliza la gestión algorítmica para organizar el trabajo. Qué es mejor, que la línea de montaje esté organizada por una planilla y un capataz o que esté gestionada por un sistema automatizado digital en base a algoritmos", advierte Ottaviano.

"Existen instrumentos de medición del tiempo y del trabajo que antes no había. Relojes, computadoras, cámaras de vigilacia, todo tipo de dispositivos, pero existe sobre todo un sistema que puede datificar, procesar y utilizar toda esa información con arreglo a fines de la producción de comercios y servicios, que se ajustan a una demanda que puede ser predecida", alerta.

"En la contratación de trabajadores interviene la gestión algorítimica, según el perfilamiento de los postulantes. Se utiliza para organizar el trabajo, las tareas, pero también puede servir para sancionar, para despedir, para dar premios y castigos", detalla.

"Existe una nueva realidad, una nueva manera de trabajar. Las regulaciones laborales vigentes no son suficientes para proteger a los trabajadores ante este nuevo tipo de modalidades", remarca Ottaviano. "Hay que incorporar tecnología a la gestión del trabajo con reglas humanas. Hay que humanizar la tecnología en el trabajo", insiste.

Quién está detrás

Como es un fenómeno global, otros estados ya han empezado a intervenir. En España se sancionó la ley Rider para imponer regulaciones al sector. La Comisión Europea también analiza directivas para mejorar las condiciones laborales de las personas que trabajan a través de plataformas digitales.

"Al principio del siglo XX había planillas para registrar los ingresos, después fueron máquinas con tarjetas, después molinetes, hoy son huellas digitales y aplicaciones del celular para identificar si el trabajador está en un lugar u otro", ejemplifica Ottaviano.

La investigación de Fundar explica que este tipo de plataformas han logrado desarrollarse gracias al enorme financiamiento que reciben de corporaciones y fondos de inversión de los más grandes del mundo.

"Las empresas de plataformas de venta y entrega de productos se sustentan gracias a la financiación de capitales de riesgo que apuestan a un modelo de negocios de crecimiento futuro, como ocurrió con Amazon", señalan. 

Pedidos Ya, que originalmente era una compañía uruguaya, fue comprada por el cluster internacional Delivery Hero. En su proceso de expansión en América latina, también adquirió las operaciones de la española Glovo. La empresa controla el 76 por ciento del mercado argentino. Sus principales financistas son Naspers, Baillie Gifford y Black Rock.

En cuanto a Rappi, es una empresa de capitales colombianos que detenta aproximadamente el 22 por ciento del mercado argentino. En este momento está procesando su salida a la Bolsa en Estados Unidos, donde ya captó 156 millones de dólares entre inversores.

Por ahora, las operaciones de ambas empresas son a pérdida, pero no porque el negocio no sea redituable, sino por los enormes volúmenes de inversión para desarrollar el propio funcionamiento de las plataformas y los algoritmos. También para establecerse como oligopolios o monopolios, a fin de obtener mayores ganancias a futuro. 

"Fue lo que ocurrió con Amazon, que soportó pérdidas millonarias durante años, pero al momento de eliminar a la competencia y monopolizar el mercado se convirtió en la empresa más grande y con más ganancias del mundo", indica Ottaviano.

El algoritmo

Estos gigantes del nuevo capitalismo digital están imponiendo el nuevo modelo de relaciones laborales. En teoría, los trabajadores son "libres" y pueden administrar su tiempo según sus necesidades, pero en los hechos lo que está sucediendo es la instalación de esquemas de precarización cada vez más extremos.

Los trabajadores llegan al punto de desconocer las reglas de su tarea, en qué circunstancias pueden ser premiados o castigados. La organización del trabajo se realiza de manera automatizada, también mediante un algorítmo que los trabajadores desconocen. Sin posibilidad de defensa ni apelación.

"No sabemos si el algoritmo contempla las velocidades máximas de cada ciudad cuando dispone entregas turbo", apunta Ottaviano.

"La consecuencia más directa del modelo de economía en plataformas para el mercado de trabajo es la autonomización formal-contractual del trabajador. Los trabajadores pasan a ser colaboradores o socios independientes. En otras palabras, la relación de dependencia resulta suprimida y se la reemplaza por una autonomía formal que esconde modalidades de subordinación laboral tan o más fuertes que las de una relación contractual tradicional", detallan los investigadores.

"Es necesario comprender los fundamentos de este nuevo modo de organización del trabajo para garantizar derechos laborales consagrados en la legislación nacional y para innovar en formas de regulación y de protección acordes al cambio de paradigma que representa la gestión algorítmica del trabajo", concluyen.




lunes, 24 de octubre de 2022

Eric Sadin: "Estamos en un proceso de pantallización de la existencia"

 

El destacado ensayista radiografía las estructuras mediante las cuales el tecnoliberalismo 

Eric Sadin, autor de "La era del individuo tirano. El fin de un mundo en común." (Fuente: Katia Oudot)

creó un mundo que nos lleva hacia nuestra destrucción a través de lo que llama "la tiranía del individualismo", que se proyecta en redes sociales repletas de insultos y monólogos vacíos.

Desde París

Hablar mal del mundo contemporáneo, sacar a flote sus bastas hipocresías y manipulaciones tecnológicas más allá del agotador diagnóstico sobre el neoliberalismo no es una tarea tan común como se cree, sobre todo si el mal forma parte casi de cada poro de nuestra piel. El filósofo francés Eric Sadin viene hablando mal de nuestro mundo desde hace varios libros –todos traducidos y publicados por Caja Negra editora. Mal quiere decir que ha radiografiado como pocos las estructuras mediante las cuales el tecnoliberalismo creó un mundo que nos lleva hacia nuestra propia destrucción sin que nos demos verdaderamente cuenta. Jugamos, escribimos en las redes, compartimos fotos, insultamos a periodistas o enemigos siempre con la ilusión de que, con cada nueva tecnología, somos más autónomos. Es una trampa que nos llevó al mundo del último libro de Sadin: "La era del individuo tirano. El fin de un mundo en común." Precisamente, de común queda muy poco y abundan las tiranías, no la de los sistemas o regímenes políticos sino la de individuos dispersos, llenos de odio, de rabia o dislocados que tiranizan lo que encuentran a su paso. No les importan los otros, sino solo ellos. Son la expresión más acabada de la abolición continua de todo lo que era común.

En esta entrevista con Página/12, Eric Sadin nos presenta el engañoso mundo en el que vivimos enganchados de Twitter, Facebook o Google al mismo tiempo que perdemos nuestra esencia, nuestra sensibilidad y nuestra subjetividad. El Metaverso será la próxima trampa.

"Este libro nació caminando por París. Empecé a ver cosas que pasaban, veía gente que se disputaba, otras veces la gente me empujaba y hasta más de una vez casi me atropella un auto. Todo esto estaba, además, envuelto en una suerte de tristeza, de desesperanza. De pronto, todo esto resonaba con los acontecimientos del mundo, como si el mundo tuviera la primacía de su propia ley sobre el orden común. Escribí entonces una suerte de genealogía crítica de cómo hemos llegado a donde estamos. Me inspiró la idea del filósofo Michel Foucault acerca de ser una suerte de historiador del presente para marcar los acontecimientos decisivos que se están produciendo. La primacía de cada individuo sobre las reglas comunes. Ese fue el origen del libro, es decir, la aparición de una nueva figura, de un nuevo posicionamiento del individuo. Sólo más tarde entendí que todo esto estaba ligado a la disolución del zócalo común. Estamos viviendo el resultado de dos fenómenos decisivos: el primero es el largo proceso de desilusión progresiva ante la palabra política, las promesas políticas y, por consiguiente, de los principios comunes. A partir de los años 70, cuando empezó el giro liberal, empezó a romperse el pacto de confianza. Allí se da la creencia de que el vector de la sociedad es el individuo y no la organización política. Esta extrema individualización fue alentada por el ethos económico político. No se trata de una iniciativa individual sino de una idea propagada por el ethos según la cual la riqueza y el desarrollo vendrán de la fuerza de los individuos. De alguna manera, nos dejaron libres hasta abandonarnos. Al final de cuentas terminó por romperse aquello que nos mantenía juntos." 

"El segundo fenómeno capital es el de los clouds económicos. En un primer momento esos útiles favorecieron los fenómenos de individualización: el auto, el microondas, los reproductores de video, el walkman. Se trataba de poder gestionar la propia vida como se quería, a su propio ritmo, con la ilusión de que se estaban ganando márgenes de autonomía. Recién a finales de los 90 aparece el fenómeno más decisivo, fundamental: la aparición simultánea del teléfono móvil e internet. De pronto, ese sentimiento de individualización se transformó en la ilusión de que se había ganado en autonomía, en movilidad, en independencia, en capacidad de gestionar su vida según los términos del nicho neoliberal, es decir, gracias a útiles que daban los medios para inscribirse en esa lógica. Luego, el momento fundador de nuestra actualidad ocurrió en 2005 con la creación de lo que se llamó el WEB2. Desde ese momento los individuos adquirieron la capacidad de dejar de ser espectadores de las páginas internet visitadas para poder intervenir. Ello trajo esa invención genial del tecno liberalismo que son las redes sociales, las cuales les dieron a los individuos el sentimiento de ser importantes mostrando secuencias de sus vidas o revelando públicamente sus opiniones." 

"Yo nunca he hablado de redes sociales sino de plataforma de la expresividad. De allí que tampoco hablo de post verdad sino de atomización de la verdad en un proceso en el que cada individuo forma su verdad plegándose a sus propias frustraciones, dificultades, fracasos o angustias y, encima, con la capacidad de crear sus propias redes informacionales. La mezcla de la hiper individualización con la posibilidad de estar dotados de tecnologías para la expresividad y la afirmación de uno mismo creó una nueva situación social, económica y política: se instauró la primacía de la propia persona, de la palabra propia a través de instrumentos de interferencia entre los individuos. Esos instrumentos llegaron a un punto tal que condujeron a lo que llamé 'un estado de aislamiento colectivo'. Las acciones de la vida humana se realizan cada vez más a distancia a través de pantallas."

-Se trata de un camino derecho no hacia a una nueva construcción sino hacia la destrucción. Usted define este momento histórico como “la hora de los ajustes de cuentas”.

-¡ Absolutamente! Hay tanto resentimiento como ganas de ajustar cuentas. El resentimiento viene de muy lejos, mucho más allá de las generaciones. Son los abuelos que han vivido muchas decepciones como las crisis económicas, el desempleo masivo, la generalización de las desigualdades. Las generaciones posteriores atravesaron las mismas dificultades, con lo cual el resentimiento se fue transmitiendo de generación en generación. Luego, con los instrumentos de la expresividad, de la hiper individualización y de la exposición de sí mismo le permitieron a cada persona ajustar las cuentas con las fallas y los resentimientos y la injusticia. El genio del tecnoliberalismo radicó en que puso en manos de los individuos los instrumentos para que puedan mostrar sus resentimientos y sus descontentos. Y ello según modalidades que alientan la acepción, las formas definitivas como ocurre, por ejemplo, con Twitter. El tema de la interfaz es decisivo. Decir, como en Twitter, una verdad en 280 caracteres… ¿hacia dónde vamos? 

Son afirmaciones definitivas y, al final de cuentas, el rechazo del otro. Ese es precisamente el advenimiento de los tiranos: cuando el otro no es que deja de existir, sino cuando mi palabra vale más que todo, está primera que todo. Twitter es un soliloquio continuo. La gente habla sola, aunque tenga la impresión de intercambiar. En Twitter no hay intercambio. Hay una jerarquía en la cual mi palabra está en primera línea, no existe nada horizontal. Y, en todo esto, la gran paradoja de los movimientos anticapitalistas está en que se expresan a través de plataformas de Silicon Valley. Es una imagen perfecta de la impotencia y del fracaso de las modalidades. ¡Es grotesco! Hoy hay una distancia, un hiato entre el flujo de palabras, de verbo, que no produce nada más que los olvidados del presente, y la falta de acción que constituye uno de los dramas de nuestro tiempo. ¿Qué es la condición política según Aristóteles y luego redefinida por Hannah Arendt ? Es un buen equilibrio entre la acción y el verbo. La acción está primero y el verbo viene luego a comentar esa acción para ver cómo se pueden mejorar las cosas. La acción permite que se juzgue y el juicio a su vez permite rectificar. 

Hoy estamos en una situación que consiste en creer que la palabra sirve como política. Pero hoy, la palabra sirve para la vanidad y para generar beneficios a las plataformas de Silicon Valley. La gente cree que generando discursos que no sirven para gran cosa en las redes sociales se llega a algo. Eso es una catástrofe social y política. No produce nada y es peligroso en el seno de una sociedad en la cual cada persona hace valer en las acciones y las palabras la primacía de uno mismo porque puede conducir a lo que he llamado “un posible totalitarismo de la multitud”. Sería como un fascismo de un nuevo tipo que no estaría dirigido por figuras sino por una crispación de todos contra todos. Ese es el peligro latente de la nueva condición política: la negación total del otro. Los años 2010 fueron el germen de este ethos posible que no cesa de germinar. Si se radicaliza puede conducirnos a situaciones desastrosas.

-En la Argentina hay un ejemplo sobre esa forma de locura totalitaria con el fallido intento de asesinato contra la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner por un grupo de fascistas tiránicos. Usted ha tratado esos fenómenos en uno de los capítulos de su libro que se llama, precisamente, “Las tablas de mi l-Ley”.

-Hay personas cada vez más numerosos que, tras muchas decepciones a lo largo de los anos, dejan de creer en el pacto social o en el valor de la palabra política como rebajadora de los sufrimientos individuales. Entonces, la verdad pasa a ser únicamente la de su propia subjetividad burlada y agraviada. Ello los lleva a intentar imponer su propia ley y llegan hasta el asesinato de los supuestos responsables de sus interminables males y humillaciones.

-Todo esto creó un individuo no participativo, que se esconde, que no adhiere a nada, que se aleja y, al mismo tiempo, participa.

-Todo el mundo participa en la vida social al mismo tiempo que la gente se siente muy rechazada. El gran interrogante que se nos plantea es el siguiente: ¿Qué hacemos con nuestra impotencia? ¿Acaso la transformamos en instrumento de potencia que no destruya al otro? ¿O acaso usamos las modalidades que paralizan las posibilidades de construir en común al mismo tiempo que bloqueamos las capacidades de nuestra propia emancipación personal? Nos encontramos en un estado creciente de impotencia. Hay grandes fuerzas que deciden sobre la dirección general del mundo. Desde el giro liberal hay potencias económicas que afirmaron la primacía de los beneficios de las lógicas económicas a todos los niveles de la sociedad. Esa lógica nos llevó a la impotencia, es decir, a sentirnos como un solitario engranaje entre tantos otros que hay en la sociedad. Ahí está también la clave de la atomización. 

Desde la Revolución Industrial la lógica de la sociedad estuvo orientada hacia la obtención de beneficios y ello hizo de las personas simples engranajes. El modelo emblemático de esto es el paso del artesano al obrero. El artesano era el propietario de su modelo de producción con todo el conocimiento que tenía. La organización tecnoeconómica desplazó al artesano y creó esta sociedad moderna en la que somos un mero engranaje. Peor aún, desde hace un cuarto de siglo, el sentimiento de impersonalización, la sensación de inutilidad y de invisibilidad de uno mismo llegó a un grado tal que ya se trata de humillación. Al mismo tiempo, a través de las plataformas para la expresividad de uno mismo, el tecnoliberalismo creó instrumentos para resaltar la importancia y la visibilidad de  uno mismo, para reafirmar nuestra importancia ante los demás. Hay como una trampa donde esa impotencia conduce a un camino sin salida que no se ve. Cada individuo cree que va por su propio camino, que obtiene el reconocimiento y la legitimidad. Pero esto no construye nada.

-El individuo tirano está en el centro de todo esto. Es incapaz de tener lazos constructivos.

-Pienso cada vez más en el presente que viene, en el presente inminente. Mucha de las cosas que nos ocurrieron en los últimos 20 años por medio de la híperenergía del tecnoliberalismo, de la industria digital, de la Silicon Valley, fue a una velocidad tan impresionante que, cada vez que reaccionamos, lo hicimos después del hecho. Nos cuesta entender qué está ocurriendo en el presente. En este libro está el diagnóstico del individuo tirano, de la crispación en la que vivimos, de este camino sin salida y de sus ilusiones, que son potentes, y, también, el hecho de que todo esto está consolidándose y agravándose sin que se cristalice la capacidad de actuar masivamente. Creo que hay que restaurar la gran vocación de la política institucional como los servicios públicos, la posibilidad de que las instituciones garanticen la salud, el bienestar, la educación, es decir, todo lo que desde hace 50 años fue puesto bajo la óptica de una lógica de contabilidad. 

Hoy hay una conciencia de que las cosas fueron demasiado lejos. En Estados Unidos y en Europa hay decenas de millones de personas que renuncian a sus puestos de trabajo. Creo que nunca como hoy se dio un fenómeno tan grande de saturación a todos los niveles, las condiciones de trabajo, las políticas económicas, y, al mismo tiempo, jamás hubo como hoy tantas ganas de otra cosa. El COVID fue un amplificador de este fenómeno. Estamos en el inicio de una toma de conciencia. Nunca hubo antes una tal celebración por lo alternativo. Hay un montón de gente que de un día para otro lo deja todo para ir al campo a hacer perma agricultura, o se van a abrir librerías, cooperativas, o crear asociaciones para trabajar artesanalmente. Es muy interesante porque quiere decir que hay voluntades para crear modos de funcionamiento más virtuosos, con relaciones más equitativas entre las personas, más respetuosas de la biosfera. Sin embargo, este movimiento no se plasmó aún en una sociedad. Pero es precisamente ese movimiento al que hay que alentar. Es preciso institucionalizar todo lo que es alternativo. Si los años 2010 fueron años durante los cuales de forma ciega e ideológica se respaldaron las start-up, lo que, al final, desembocó en lo que llamé la mercantilización integral de la vida, hoy es preciso que el dinero público vaya hacia todas las iniciativas alternativas en todos los campos de la vida. Aquí estaríamos en una acción crítica ante el presente y se buscan los medios para el futuro. Estamos en un momento pivote. Si no nos preguntamos a quién tenemos adelante, hacia dónde y cómo nos organizamos, estamos perdidos. 

Temo que lo que he llamado “el estado de aislamiento colectivo” organizado por toda una historia económica y las tecnologías personales con la pantalla como instancia llamada a ser un útil de interferencia mayor entre los individuos atrase o perturbe lo que también llamo “la primavera de lo colectivo” y las iniciativas alternativas. Estamos en un proceso de multiplicación de las pantallas, la pantallización de la existencia, y de la sacralización de las redes sociales que no hará más que incrementar el estado de aislamiento colectivo. Eso es precisamente la meta del Metaverso que apunta a que, cada vez más, las acciones de la vida humana se operen a distancia a través de las pantallas. Esto es la intensificación de un proceso de aislamiento de los individuos, de racionalización de la sociedad y de mercantilización: habrá una calificación continua de todos los gestos, sean las miradas, los ritmos fisiológicos, una comprensión física y psicólogica del cuerpo de forma continua. Estamos ante un proyecto de control absoluto de lo colectivo y lo alternativo. Aquí hay verdaderamente luchas. Habrá luchas contra un tecnoliberalismo que solo apunta a acentuar la curva mediante la inteligencia artificial, la interpretación de los comportamientos, al que llamo “la organización algorítmica de la existencia”, con la meta de racionalizar a la sociedad. Este es el gran combate por la civilización para este y el siguiente decenio.

-Usted lo puntualiza con mucho fervor y pertinencia: la gente no mide el impacto que las tecnologías de la información han tenido sobre nuestra psicología colectiva.

-Una de las metas este libro sobre el individuo tirano fue precisamente observar las incidencias de estas tecnologías en nuestra psicología y en nuestro psiquis y las forma en que estas tecnologías nos han modificado. Creo que es preciso volver a ver la historia de las técnicas bajo la lupa de la historia de las posturas del cuerpo. Hoy tenemos un cuerpo móvil y un cuerpo maliciosamente orientado. Esta movilización de las pantallas y las señales que organizan hasta el confinamiento con los Metaversos hará que la verdad provenga mucho más de las pantallas que de nuestros semejantes, los otros. Nos entregamos a las herramientas tecnológicas para organizar nuestra existencia en vez de hacerlo con nuestras intuiciones, los otros, con formas de construir conjuntamente. Todo nos reenvía a la interfaz y al agotamiento de lo sensible.

-Pero en esta historia no somos inocentes: hemos participado mansamente en esta inmensa mascarada organizada por el tecno liberalismo. Usted escribe a este respecto que fuimos “corderos dispuestos, adormecidos. Hemos expandido los instrumentos de nuestra sumisión”.

-Hemos sido impotentes convencidos de que teníamos una inmensa capacidad de acción. Sin lugar a dudas que hemos caído en la trampa de un procedimiento económico que organizó el control de nosotros. Al mismo tiempo que ese procedimiento desplegaba su control sobre nosotros producía instrumentos que nos hacían creer que éramos autónomos. Es extraordinario. En este 2022 tenemos los medios de rever toda la historia del capitalismo como una historia de la técnica, como una historia tecnoeconómica. Cuando las lógicas y los procesos económicos se organizaron para alcanzar su máximo de optimización y de productividad, especialmente a través de la mecanización del trabajo, se organizó también el modelo según el cual cada individuo no es más que un engranaje y, por consiguiente, la pérdida de valor del propio individuo en todos los niveles de la sociedad. Simultáneamente, esas mismas lógicas económicas produjeron instrumentos que dieron la impresión de que acentuaban nuestra autonomía: el primero fue el auto, que pasó por ser un instrumento de libertad. Sin embargo, con internet, los teléfonos móviles y todas las plataformas se llegó a un punto en el cual, sin piedad, ese mismo tecnoliberalismo, que fue organizado en sus modelos de producción, fue el que le dio a los individuos los instrumentos mediante los cuales creyeron que se habían liberado, que se expresaban mejor, que ganaron márgenes de autonomía. 

Todo el mundo cayó en la trampa con la idea de la emancipación mediante las redes. Es una broma haber creído que escribiendo en un teclado en los foros de discusión se creaba un proceso emancipador. El discurso desarrollado por toda esa industria dejó suponer que cada persona iba a trazar su propio camino y realizarse mediante la satisfacción. Fue una trampa absoluta tendida por una industria que supo hacemos caer en la trampa con la idea de una suerte de ebriedad de nuestra expresión y de nuestra supuesta autonomía. Eso es precisamente el aislamiento colectivo. Creo que una de las luchas políticas decisivas de esta década es la lucha por la reconquista y la reafirmación de nuestra sensibilidad, de nuestras capacidades sensibles. Hay que restaurar las modalidades sensibles. La era del individuo tirano es el momento en que se acepta con ignorancia y resignación mantener relaciones con el mundo y los demás únicamente a distancia y a través de las pantallas. Se pasó de la economía de los datos y de las plataformas a la economía de la distancia. ¿Somos acaso conscientes de la catástrofe que nos acecha y de esta interferencia de las pantallas y la introducción de mediadores y nuevos espías? El Metaverso es un gigantesco instrumento para conocernos e interpretarnos con la idea, una vez más, que seremos más autónomos. No seremos nada. Lo que habrá es un lazo umbilical aún más fuerte con grandes empresas privadas que nos guiarán así en todo momento en una existencia íntegramente algorítmica. La temática de lo sensible y de su expresión es una cuestión política fundamental. Eso es lo que está apareciendo poco a poco. Se trata de medir la proporción entre ambas fuerzas.

efebbro@pagina12.com.ar

viernes, 21 de octubre de 2022

EL NEGOCIO DE LA HUMANIDAD SIMULADA

 El metaverso promete una realidad virtual y un nuevo espacio de entretenimiento. La popularización de la simulación digital abre la puerta a una humanidad simulada.

Artículo de José María Lassalle
Fuente: 
https://ethic.es/2022/10/el-negocio-de-la-humanidad-simulada/

La humanidad se enfrenta por primera vez en la historia al desafío de una humanidad simulada que la sustituya. Esta circunstancia inédita hasta ahora se ha hecho realidad gracias a la aparición de lo que David J. Chalmers ha denominado la «realidad plus». Gracias a ella, aquella piel técnica de la que hablaba Ortega y que recubría la vida humana ha pasado a interactuar ontológicamente con ella. Algo posible con la aparición técnica de experiencias de simulación digital que ofrecen al ser humano la posibilidad de migrar a un mundo virtual con todas sus capacidades cognitivas y psíquicas. Bien mediante implantes cerebrales, bien mediante diademas o interfaces semejantes.

Nos adentramos en el umbral de una disrupción que desborda lo conocido hasta el momento. No solo porque disloca la comunicación natural del cuerpo con la mente, sino porque permite a esta desplazarse fuera de las dimensiones del mundo físico para realojar nuestra personalidad psíquica dentro de la simulación digital de un mundo virtual paralelo. Hablamos, por tanto, de un proceso tecnológico de migración en tiempo real de nuestras capacidades cognitivas mediante una codificación de ellas en forma de datos que se alojan en una nube que es propiedad de la corporación que produce el simulacro y soporte computacional de este.

Metaverso es la experiencia de «realidad plus» más conocida, pero no es la única. Pronto se difundirá una comercialización de servicios de simulación digital parecidos que competirán entre ellos. Las capacidades técnicas que las plataformas esconden de cara al futuro son inmensas y desatarán un abismo inmersivo que puede succionar la experiencia corpórea de lo humano para transformarnos en una simulación digital de nosotros mismos, solo limitada por el alcance de nuestra propia imaginación.

«Nos adentramos en una disrupción que desborda lo conocido»

Al brindarnos la técnica esta posibilidad simuladora, la humanidad sienta las bases de un utopismo digital que plasma la hipótesis cartesiana de un genio maligno que nos engaña sistemáticamente al hacernos creer que existimos cuando somos un sueño suyo. De este modo, se consolida por la vía de los hechos la filosofía poshumanista de los gurús de Singularity University y se ofrece, gracias a la iniciativa empresarial, una solución que nos libera del riesgo existencial que pesa sobre la especie debido a la crisis climática, las pandemias y la guerra nuclear al transformarnos en criaturas empíricamente computacionales.

Que nos transformemos en una humanidad simulada no puede quedar en manos del éxito de un modelo de negocio. Que se produzca sin control democrático dependerá del alcance real de la brutalidad cultural y el nihilismo sobre el que se asientan nuestras sociedades. Nos enfrentamos, por tanto, a la consumación que denunciaba Baudrillard de que, bajo el capitalismo consumista de los años 80 del siglo XX, el simulacro de los objetos y las identidades había dejado de ocultar la verdad para sustituirla. El simulacro había pasado a ser lo único verdadero. Avanzado el siglo XXI y expuestos al imperio de la «realidad plus» surgida de las entrañas tecnológicas de la revolución digital y del capitalismo cognitivo, la conclusión de Baudrillard sería aún más radical: la verdad es un modelo de negocio propiedad de Metaverso.



lunes, 29 de agosto de 2022

¿Somos prisioneros de un pasado imaginario?

 Al someter a la humanidad a un estado de sitio, sin salida hacia el futuro, las clases dominantes han conseguido convertir el presente en una jaula temporal permanente

Ammar Ali Jan (Internacional Progresista) 27/08/2022

Fuente: https://ctxt.es/es/20220801/Firmas/40596/Ammar-Ali-Jan-Internacional-Progresista-tribuna-nostalgia-politica-reaccionario-Bolsonaro-Trump.htm?utm_source=Cenital&utm_campaign=90fc572ac3-PM_563&utm_medium=email&utm_term=0_a38084492c-90fc572ac3-397361806

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El mundo actual está sobrecargado de formas reaccionarias de nostalgia que inducen fantasías renovadoras de un pasado glorioso. En años recientes, el eslogan de Trump –Make America Great Again– es quizás la más famosa invocación del pasado al servicio de un proyecto de derecha ascendente. Una imagen depurada de una comunidad étnicamente homogénea y políticamente estable en el pasado, es presentada como alternativa a las incertidumbres de un presente neoliberal y multicultural. Esta yuxtaposición ha sido utilizada por diferentes movimientos ríos para invocar ansiedades culturales y masculinas con una precisión mortal. Desde Modi de India, Bolsonaro de Brasil y Duterte de Filipinas hasta las fantasías del califato en el mundo musulmán, los movimientos de extrema derecha han utilizado esta artimaña para despertar pánico, atacar a las fuerzas progresistas y desmantelar las infraestructuras democráticas –aprisionando el presente en un pasado imaginado.

¿Se puede recurrir al pasado para abrir nuestra imaginación colectiva hacia una trayectoria diferente para la humanidad?

Nosotrxs, sin embargo, nos enfrentamos a un reto aún mayor en cuanto a la temporalidad de la política. Parece como si el capitalismo hubiera logrado borrar los recuerdos de las rebeliones del pasado para presentar la forma mercantil como eterna y más adecuada a la naturaleza humana. La fantasía del Capital siempre ha sido apoderarse del tiempo dentro de su propio movimiento repetitivo en busca de plusvalía, aniquilando así la violenta prehistoria del capital y las posibles trayectorias que desafían su ciclo reproductivo. Esta tendencia se evidencia claramente durante la pandemia, cuando una perturbación económica y social sin precedentes no rompió el dominio de la fantasía del capitalismo en la imaginación popular. En cambio, nuestra fijación con el “crecimiento”, el “beneficio” y las “cadenas de suministro”.

Al someter a la humanidad a un estado de sitio, sin salida hacia el futuro, las clases dominantes han conseguido convertir el presente en una jaula temporal permanente. Parafraseando a Fredric Jameson, hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Esta parálisis de la imaginación se hace más palpable con las pandemias planetarias, las guerras y las catástrofes ambientales inminentes. En ausencia de un horizonte futuro que pueda impulsar la resistencia a la distopía en curso, ¿se puede recurrir al pasado para abrir nuestra imaginación colectiva hacia una trayectoria diferente para la humanidad? En otras palabras, ¿puede la memoria, aunque existe en las recesiones más profundas de nuestro inconsciente, reactivarse para ayudar a la política emancipatoria? Esta pregunta nos exhorta a formas imaginarias de romper el monopolio de la derecha reaccionaria sobre la memoria popular.

Memoria y contrarrevolución

Es fundamental señalar que la violencia contrarrevolucionaria precedió a los verdaderos levantamientos revolucionarios

Sería un error considerar el presente como una época marcada por una victoria absoluta del capitalismo neoliberal. En su lugar, propongo que es mejor considerar el momento actual como una contrarrevolución, con una maquinaria global activa desplegada para acabar con las posibles amenazas al sistema. Podemos considerar esta violencia contrarrevolucionaria como el núcleo de la política del siglo XX. Como muestra Vincent Bevins en su reciente libro El método Yakarta, los gobiernos reaccionarios, en complicidad con la CIA, atacaron a lxs comunistas y activistas de izquierda en Indonesia en las décadas de 1950 y 1960, con el fin de eliminar una alternativa al sistema gobernante. El mismo método fue desplegado por las dictaduras militares en América Latina y en otros lugares para borrar la oposición al consenso global.

Es fundamental señalar que la violencia contrarrevolucionaria, particularmente en el mundo no europeo, precedió a los verdaderos levantamientos revolucionarios y atacó preventivamente a los potenciales movimientos revolucionarios. Esta reversión temporal fue el resultado del miedo generado por la Revolución de Octubre entre las élites coloniales y postcoloniales, que reaccionaron con excesiva violencia contra el movimiento comunista en todo el mundo. Uno de los aspectos clave de la estrategia utilizada por las fuerzas contrarrevolucionarias es negar, reprimir y distorsionar activamente la idea de una vía alternativa, tarea prioritaria del Estado para disciplinar la memoria popular.

Bajo las dictaduras militares y los gobiernos autoritarios, las visiones anticapitalistas e incluso reformistas fueron prohibidas tachándolas de “comunistas”. Gobiernos en diversos lugares, como los dirigidos por el general Pinochet en Chile, el general Zia-ul-Haq en Pakistán y el general Suharto en Indonesia, se unieron para eliminar la “amenaza comunista” con el pleno respaldo de Occidente. Los partidos comunistas y la literatura marxista fueron prohibidos en la esfera pública, lo que obligó a lxs pro-demócratas e izquierdistas a entrar en el mundo secreto de la clandestinidad. Debates sobre ideas políticas alternativas se suprimieron y prohibieron a punta de cañón.

Sin embargo, las clases dirigentes no podrán negar la poderosa memoria producida por los trascendentales movimientos democráticos que dieron forma a la segunda mitad del siglo XX, incluidos los movimientos por la igualdad racial, el feminismo, la liberación nacional o la justicia ambiental. La estrategia desplegada para hacerles frente consistió en cooptar su simbolismo, separando los elementos más subversivos y de izquierda que fueron cruciales para su éxito. Los movimientos de derechos civiles y feministas se reformularon para llamar a la inclusión dentro de un sistema roto, el capitalismo verde su estableció a los debates sobre la irreconcibilidad del capitalismo con la naturaleza, mientras que las luchas por la liberación nacional y la soberanía económica se reinterpretaron como búsquedas de una democracia liberal bajo la tutela de occidente.

La única historia que tiene el potencial de romper decisivamente con la mediocridad del presente es la de las inmensas luchas populares y las victorias obtenidas por lxs socialistas en el siglo XX que abrieron un camino diferente para el mundo. Aquí, la ideología dominante ha inculcado una campaña de desinformación masiva para equipar el proyecto socialista con el fascismo bajo la sospechosa categoría de “totalitarismo”. Tal procedimiento borra el contenido político de los movimientos emancipatorios y pretende pintar el gulag como el destino final de la política anticapitalista. Como ha argumentado Bruno Bosteels, esta táctica busca invocar la subjetividad de la vergüenza en relación con la memoria de la política revolucionaria, desarmando el potencial subversivo en el recuerdo de las luchas del pasado.

El pasado como exterior

Supresión, cooptación y vergüenza forman la tríada ideológica que bloquea la imaginación de una política más allá de los confines del presente. Explica en parte por qué el sistema sigue reproduciéndose a sí mismo con monstruosas desigualdades a pesar de la crisis universalmente reconocida que ha provocado la covid. Al plantear como imposible el pensamiento más allá de la lógica del Capital, la ideología dominante está eliminando la posibilidad misma de la política en un momento en que desesperadamente necesitamos debatir alternativas.

La repetición de viejos conflictos es un rasgo estructural de una crisis

Sin embargo, las huellas de los levantamientos populares del pasado siempre persisten insistentemente en el presente e impiden la victoria completa del statu quo. En las recientes elecciones chilenas, fuimos testigos de cómo una disputa por la memoria concluyó el resultado electoral. El candidato de la derecha, José Antonio Kast, evocó el pinochetismo (llamado así por el general Augusto Pinochet) para reforzar su imagen de firme anticomunista que podía restaurar el orden reprimiendo a los elementos “antisociales”. Por otro lado, Gabriel Boric movilizó su apoyo necesitado en parte en invocar la memoria de Salvador Allende, el presidente socialista derrocado en un golpe militar por Pinochet en 1973. Esta reedición de la batalla de los años 70, aunque como “batalla de recuerdos”.

Una crisis es un momento en el que el ciclo reproductivo del poder se interrumpe, produciendo una desconexión entre la ideología y la práctica real del sistema. La violencia contrarrevolucionaria se acentúa como respuesta a posibles desafíos al orden dominante, haciendo insostenibles las afirmaciones sobre la naturaleza eterna del capitalismo. Para citar a Walter Benjamin, en esos momentos “la memoria relampaguea” para agregar elementos de no contemporaneidad en el flujo del tiempo abstracto, abriendo la posibilidad de reimaginar la historia.

La repetición de viejos conflictos es un rasgo estructural de una crisis, ya que estos antagonismos aparentemente anacrónicos apuntan en realidad a un punto muerto en el corazón de la forma mercantil, a saber, la subordinación de las relaciones sociales y el medio ambiente a la búsqueda de ganancias privadas. Esta subordinación no es natural y, por lo tanto, debe asegurarse mediante la fuerza bruta y la propaganda. Con el regreso de las ideas emancipatorias en la crisis actual, el reto principal es no dejar que lxs propagandistas nos abrumen con sentimientos de vergüenza cuando nos encontramos con las luchas de nuestro pasado –una estrategia que nos ha robado nuestra propia historia.

En una época de olvido universal, recordar las luchas revolucionarias del pasado es un acto revolucionario en sí mismo

En lugar de sentir vergüenza, es importante profundizar en las preguntas específicas planteadas a lxs revolucionarixs en el pasado y cómo respondieron a ellas. Desde la dictadura del proletariado hasta la democracia popular y la guerra popular, los conceptos políticos surgieron a la par de las cuestiones de la práctica política de su época. La crisis no sólo pone de manifiesto las contradicciones del orden contemporáneo, sino también las cuestiones no resueltas del pasado. Nuestro momento actual nos permite plantearlas en un contexto diferente para evitar repetir los errores del pasado y superar los obstáculos que se planteen al movimiento revolucionario en circunstancias históricas concretas. Debemos recordar que la historia no es sólo lo que ocurrió en el pasado, sino lo que podría haber ocurrido pero nunca lo hizo, añadiendo un elemento de contingencia al desarrollo histórico. Nuestra tarea debe ser explorar con valentía los caminos no recorridos en la historia, unos que tal vez aún puedan iluminar una salida a las pesadillas recurrentes de las crisis financieras, las pandemias y la catástrofe ambiental.

En una época de olvido universal, recordar las luchas revolucionarias del pasado es un acto revolucionario en sí mismo. En su esclarecedor estudio sobre el legado del indio revolucionario Bhagat Singh, el historiador Chris Moffat muestra cómo el legado de lxs mártires es invocado a menudo como una provocación para la acción política en el Aquí y el Ahora, una presencia que se siente más palpablemente en los eslóganes de los victoriosos movimientos campesinos en la India recientemente. De manera similar, la reciente victoria de Gabriel Boric contra José Antonio Kast, y su decisión de nombrar a la nieta de Allende, Maya Fernández, como secretaria de Defensa es una prueba de que, en la repetición, la historia puede tomar una trayectoria diferente, derrotando la nostalgia por un pasado reaccionar al invocar la memoria de quienes se sacrificaron valientemente por un futuro más justo. En tales situaciones, la reactivación de la memoria latente de la resistencia nos permite asumir una subjetividad en desacuerdo con los ritmos temporales del statu quo, con la valentía desafiando la supresión y la cooptación por parte del mismo. En cuanto a la vergüenza, su función sólo debería recordarnos que habitamos un mundo con monstruosas desigualdades –una forma de existencia indignada de la dignidad humana.

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Ammar Ali Jan es un historiador que trabaja sobre el pensamiento comunista en el mundo no europeo. Es miembro del Movimiento Haqooq-e-khalq, una organización anticapitalista que trabaja entre trabajadorxs, agricultorxs, estudiantes y mujeres para construir un proyecto político alternativo. También es colaborador habitual de varias publicaciones, incluidas The News International, Al Jazeera y Jacobin.

Este ensayo forma parte de la colección Futuros de la Libertad del pilar del Plan de la Internacional Progresista. Para saber más, escribe a blueprint@progressive.international. 

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Este artículo fue publicado originalmente en Internacional Progresista.

Traducido por Daniela Santalla y Nicole Millow.

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Ammar Ali Jan (Internacional Progresista)

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