Under Pressure x Queen

Presión
Aplastándome
presión aplastándote a ti
ningún hombre la pide.
Bajo presión
Ese fuego que
derriba un edificio
divide a una familia en dos,
pone a l gente en las calles.

La maldita máquina de matar x Billy Bond y la pesada del Rock and Roll

Tengo que derretir esa máquina de matar,
tengo que derretir esa maldita máquina de matar.
Para que nunca más vuelva
a destruir lo que hacemos con amor, amor.

Desencuentro x Almafuerte

Estás desorientado y no sabés,
qué bondi hay que tomar, para seguir.
Y en triste desencuentro con la fé,
querés cruzar el mar, y no podés.
La araña que salvaste te picó.
Qué vas a hacer.
Y el hombre que ayudaste te hizo mal,
dale que vá.
Y todo un carnaval, gritando pisoteó,
la mano fraternal que Dios te dió.

domingo, 6 de mayo de 2018

¿Capital digital? Marx y el futuro digital del capitalismo

Michael R. Krätke

¿Qué tiene aun que decirnos Marx sobre el capitalismo actual? La pregunta es pertinente, porque la principal obra económica de Marx, El capital, esto es, el volumen primero de este ladrillo, apareció hace 150 años, en septiembre de 1867. El primer volumen y, en parte, también importantes borradores del segundo y el tercero de esta obra son de 1864 y 1865.
Sin embargo, El capital de Marx no versa sobre el capitalismo del siglo xix, sino sobre la lógica del desarrollo capitalista, quiere descifrar el nexo interno entre todos los fenómenos de una economía capitalista. Quiere ser una “teoría general”, que pueda explicar la dinámica que sigue el capitalismo, sus crisis y coyunturas, transformaciones y revoluciones. Marx no construye ninguna teoría del “capitalismo puro”, sin consideración de su historia. Se interesa por las tendencias a largo plazo del desarrollo capitalista, lo estudia con la mirada puesta en el futuro: ¿qué aspecto tendrá el mundo cuando el capitalismo pueda desarrollarse y extenderse sin bridas ni frenos? Le interesa la Inglaterra de su tiempo, altamente industrializada; después, los EEUU, como país donde la industrialización capitalista de todos los ámbitos —en ese momento, de la agricultura— avanza más rápidamente, porque muestra la imagen del futuro para todo el mundo capitalista.
Los estudios tecnológicos de Marx
Aunque era filósofo y jurista de formación, con 25 años se pasó al estudio de la economía política, al que se dedicó cuarenta años, hasta su muerte, en marzo de 1883. Como autodidacta y coetáneo del cénit de la primera revolución industrial en Inglaterra, estaba entusiasmado por las revoluciones tecnológicas de la época. Al ver desde el principio al capitalismo desarrollado como un modo de producción altamente tecnologizado que transformaba el mundo de forma más fundamental que todas las formas económicas anteriores, consideraba indispensable el estudio de la tecnología y las ciencias experimentales coetáneas, a diferencia de la mayor parte de economistas de su época. En varios intentos, durante 1851-52, 1856-57, 1861-63 y, nuevamente, desde 1868 hasta 1878, realizó extensos estudios sobre ciencias experimentales y tecnología.(1) Marx mostró especial interés por los descubrimientos en las ciencias experimentales de su tiempo, p. ej., en química, física y fisiología, y estaba fascinado por sus aplicaciones tecnológicas, p. ej., en la agricultura. Marx, empero, era todo menos un admirador acrítico de la nueva agricultura industrial y de la gran industria fabril, cuyas consecuencias social y ecológicamente devastadoras vio con exactitud. Conocía los escritos de autores ingleses contemporáneos como Andrew Ure, el propagandista del sistema fabril, o Charles Babbage, el inventor de la primera calculadora y teórico de la organización racional de la empresa. Estudió los escritos del pionero de la agroeconomía Justus von Liebig, y compartió la creencia de este coetáneo suyo en las posibilidades casi ilimitadas para el desarrollo de las fuerzas productivas sociales que se habían abierto con las nuevas tecnologías y el sistema fabril. Pero no consideraba a la técnica, la tecnología ni las ciencias experimentales como las fuerzas motrices. La fuerza motriz del tiempo inesperado en que la productividad de la fuerza de trabajo se había intensificado residía, a su juicio, en la dinámica específica del capitalismo moderno.
Una sentencia del viejo Marx: la tecnología no es economía política
Para comprender la actitud de Marx para con las revoluciones técnicas de su tiempo es útil recordar una de sus frases clave dichas de paso: “Sólo tecnología no es economía política”.(2) No son las tecnologías de la producción, transporte o comunicación las que determinan la marcha del desarrollo capitalista, sino al revés. Es el nuevo funcionamiento del sistema fabril, específicamente capitalista, con el que comienza la “moderna ciencia de la tecnología”, la aplicación sistemática en la producción de los resultados de las ciencias experimentales, la búsqueda constante de innovaciones, la aceleración del progreso técnico, la larga sucesión de nuevas revoluciones tecnoindustriales.
¿Cómo se desarrollan las revoluciones técnicas en el capitalismo? ¿Por qué se dan, en realidad? ¿Cómo se llevan a cabo? Marx lo estudió en detalle y tenía la mirada puesta tanto en la primera como en los inicios de la segunda revolución industrial, en los años siguientes a la gran depresión de 1873. La búsqueda permanente de mejoras e innovaciones técnicas en el sistema fabril distingue al capitalismo industrial. Marx las explica con la lógica de la “producción de plusvalía relativa”: los empresarios industriales ganan a la competencia incrementando constantemente la productividad de sus empleados, mediante la introducción y perfeccionamiento de innovaciones técnicas. Como todos hacen la apuesta, la base técnica de muchas industrias (tendencialmente, de todas) se recicla continuamente y la capacidad productiva aumenta constantemente. Así, cobra cada vez más fuerza la tendencia a la sobreproducción y la sobreacumulación, que, periódicamente, lleva a crisis, grandes y pequeñas.
En las crisis del capitalismo moderno se manifiestan las “revoluciones de valores”, que son las consecuencias inevitables de las constantes innovaciones técnicas. Llevan a la destrucción de capital, la obsolescencia de todas las tecnologías, la desaparición de profesiones. Marx estudió minuciosamente varias de las crisis de su tiempo: las de 1847-48, 1857-58 y 1873-79. Las revoluciones técnicas y transformaciones bruscas del régimen industrial exigen crisis. La desvalorización y destrucción de capital abren paso a la aplicación y proliferación de nuevas técnicas. El progreso técnico y la innovación se aceleran, así como la racionalización y reorganización por razones técnicas. Pero las nuevas técnicas, especialmente las tecnologías, sólo dan la posibilidad de transformaciones más o menos radicales de la empresa y la circulación capitalistas. Se imponen cuando cooperan con ellas los actores determinantes del capitalismo moderno: las empresas, los capitalistas, los financieros, los trabajadores asalariados. Y sólo lo hacen cuando encuentran o, mejor, cuando pueden abrir, mercados suficientemente grandes y estables para los posibles productos de las nuevas tecnologías. El capitalismo industrial moderno de alta tecnología penetra en los mercados mundiales o, más bien, crea y expande mercados mundiales (como la industria de comunicaciones de entonces, con las industrias del ferrocarril y los telégrafos, que Marx tenía ante sus ojos).
Marx y la digitalización
La crítica marxiana de la economía política se ha quedado inconclusa, Marx no pudo tratar suficientemente muchos de los problemas centrales de su teoría. Por ello, está justificada la pregunta de si su análisis del capitalismo industrial se adecúa a los fenómenos actuales. El propio análisis marxiano de las mercancías tiene sus límites. No es adecuado sin más con las mercancías ficticias o cuasimercancías, falla con los bienes públicos o comunes. ¿Puede la economía política marxiana, en la forma en que aseveran los marxistas de hoy, tratar el trabajo cognitivo y sus productos? ¿Puede explicarse con el Marx de los marxistas qué valor añadido crea exactamente un trabajador cognitivo que, p. ej., diseña programas?  ¿Qué se produce exactamente en y mediante Internet? ¿Qué se compra y se vende? Ningún producto, sino derechos de uso (p. ej., a instalar Windows 10 en un PC). ¿Qué pasa, empero, si el acceso es libre y gratuito (como al abrir una cuenta de Facebook o al emplear software libre)? ¿El “valor” de los productos de software, fabricados y distribuidos por empresas privadas de evidente alta rentabilidad, lo determina la media, o la cantidad marginal, de trabajo necesario para su producción? Como bien sabía y subrayaba Marx, con la mirada puesta en sus conocimientos científicos, no hay relación alguna entre el trabajo necesario para un descubrimiento o invención científico o tecnológico y el trabajo necesario para su reproducción. Es este último, a juicio de Marx, el que determina el valor de cada mercancía. ¿Aun se puede, por tanto, aprehender la economía de la información o de los bienes cognitivos en términos de valor?
El “Fragmento sobre las máquinas”
Los profetas del poscapitalismo dicen poder descubrir en los primeros manuscritos de Marx un vaticinio genial de los desarrollos contemporáneos que señalan derechamente a una superación del capitalismo. Se trata del denominado Fragmento sobre las máquinas, un pasaje de los manuscritos económicos de 1857-58.(3) Ahí Marx se permite un experimento intelectual: supóngase que el sistema fabril, según la lógica capitalista, es crecientemente empujado hacia la “fábrica automática”. Entonces, lo que él denomina trabajo inmediato será cada vez más irrelevante respecto a la masa de capital empleado, y el carácter del trabajo se transformará. El trabajo de cada individuo se convertirá, directamente, en trabajo social, lo que se pague ya no será el trabajo inmediato de cada individuo, sino el conjunto del proceso industrial encarnado en la fábrica automática, en el sistema maquinal. Éste, empero, no dependerá del conocimiento y experiencia de grupos de trabajadores singulares, sino del conocimiento socialmente disponible, desarrollado durante generaciones. Marx habla de “fuerza productiva general” o “intelecto general”, de las “potencias generales del cerebro humano” que, en el futuro, existirán en cada trabajador individual como “individuo social”.(4) En el intento marxiano de pensar el desarrollo del capitalismo hasta su fin lógico, una fábrica automática y vacía, vigilada y controlada por escasos trabajadores cognitivos de alta competencia, los filósofos marxistas leen todo tipo de afirmaciones exorbitantes.(5) Ni el conocimiento sustituirá al trabajo ni “la ciencia” ni el “intelecto general” se convertirán en el principal agente del proceso productivo. El conocimiento, el alto conocimiento, la ciencia, no son nunca “fuerza productiva inmediata”, como escribe Marx en algún lugar, sino la precondición para una productividad creciente del trabajo. El conocimiento, el saber general y especializado, debe obtenerse mediante trabajo social, desarrollarse y, sobre todo, transmitirse. El simple mantenimiento de un buen nivel educativo cuesta considerables cantidades de trabajo social. Marx se imagina una fábrica del futuro en que la masa de trabajadores fabriles de su tiempo habrá desaparecido, ya que su “trabajo simple” habrá devenido superfluo, el trabajo fabril que quede será trabajo de especialistas de alta cualificación. No afirma que el trabajo manual vaya a desaparecer completamente; aun menos que el trabajo intelectual (que se basa en y aporta conocimiento) y el manual puedan, algún dia, separarse totalmente. El simple manejo o la vigilancia y comunicación mediante sistemas autómatas que utilizan robots no se puede equiparar a pura tarea intelectual ni a trabajo de investigación.
Marx y los mitos de la economía digital
Una parte considerable de la obra de Marx consiste en críticas, de los economistas del período clásico, pero también de “falsas críticas de la economía política”, expuestas por otros socialistas. En las lecturas filosóficas actualmente de moda se oculta el tipo de crítica que es especialmente importante para Marx. La crítica de la confusión, la irreflexión, el dogmatismo de los economistas que, a la sazón como hoy, descansaban sobre una montaña de problemas irresueltos. Marx pretendía haber refutado sus dogmas y errores, deshecho sus antinomias y planteado un tratamiento racional de sus problemas irresueltos ―y, señaladamente, desde el “punto de vista puramente económico”, que siempre adoptó. De ahí se sigue que difícilmente habría aceptado los mitos sobre una economía o, mejor, un capitalismo digital, actualmente compartidos y difundidos por tantos. Antes bien, como economista crítico, habría visto como tarea suya criticar concienzudamente los exaltados sinsentidos y afirmaciones insostenibles, precisamente cuando provienen de la “izquierda”. Para Marx, lo mismo que para los economistas políticos que todavía consideran fértil su teoría, esto es, relevante para la investigación, la “digitalización” ofrece más bien un melón por abrir que soluciones fijas y acabadas.
El mundo del capitalismo digital es muy distinto, pero, como antes, ningún software funciona sin hardware, como antes, es necesaria una infraestructura de cables, antenas de telecomunicaciones, servidores, etc. Hay que poder guardar y transmitir los datos, es necesario generar, mantener, reemplazar, es decir, organizar y reorganizar, soportes de datos (libro, disco duro, Cloud, etc.) y redes de comunicación. Ningún “bien digital” o “informativo” puede convertirse en mercancía (y, con ello, interesar a los capitalistas) sin derechos de propiedad privada, sin derechos de autor. Se trata de bienes “no rivales” (el uso por uno no merma el uso por otro), pero cada consumidor potencial puede y debe poder ser efectivamente excluido de su uso.(6) “Bienes libres” como conocimientos puramente científicos, compartidos ilimitadamente en una academic community, son, para los capitalistas privados, de interés limitado; los pueden utilizar, pero no pueden hacer negocio con ellos.
Las “técnicas” como tales, puras tecnologías, producen sólo precondiciones para transformaciones sociales, no crean ni fuerzan nada. Ninguna tecnología ni ningún tipo de mercancías hacen, “por sí mismos”, imposible la propiedad privada, el mercado o el capital. Históricamente, los actores del capitalismo han demostrado siempre ser bastante hábiles. Hasta ahora, la digitalización de la economía parece haberse llevado bien con el capitalismo. Con la transformación de la señal analógica en digital, los datos o informaciones tampoco estarán ilimitadamente accesibles, aunque su copia y difusión sean más fáciles y rápidas que nunca. A pesar de que actualmente sea fácil técnicamente copiar bienes digitales, descubrir y desarrollar productos semejantes es tan difícil e igualmente costoso en trabajo (por su incertidumbre) como antes. Esta particularidad de la producción cognitiva no ha desaparecido con la digitalización. Como antes, la digitalización tiene también muchos límites materiales y sociales, por ejemplo, el limitado número de desarrolladores de software o de especialistas en ITC, cuyo tiempo de trabajo también es limitado.
El viejo Marx no se habría tragado algunos de los mitos de la digitalización actualmente en boga, p. ej., el de la economía de costes marginales cero. Una reproductibilidad técnica de bienes alta o (casi) a voluntad lleva a costes marginales (los costes de cada unidad adicional producida) decrecientes y, con ello, a costes fijos decrecientes, en total. En principio, sí. Pero los costos marginales determinan sólo una parte de los costes totales, precisamente cuando caen rápidamente. La técnica digital (especialmente, el software) necesita vigilancia y mantenimiento, esto es, trabajo constante, que aumenta cuando el software debe ampliarse, renovarse y adaptarse a menudo, que es siempre el caso en una economía competitiva capitalista. Ni siquiera gigantes del software como Microsoft escapan a eso. Más allá de la esperanza de vida de los equipos (físicos y sociales), los costes aumentan repentinamente y, por ello, muchas empresas se aferran hasta hoy a equipos y software obsoletos; capital fijo, para ellos.(7)
En el capitalismo, la digitalización no es gratis, ni es un regalo de la naturaleza ni de la sociedad. Los bienes digitales, los datos y las necesidades necesitan, igual que antes, representación física. Su generación, tratamiento, almacenamiento y difusión requieren energía. De modo que la entropía aumenta. Los medios de comunicación electrodigitales, tal y como los conocemos y utilizamos actualmente, necesitan y generan una masa gigantesca de basura electrónica, y que crece rápidamente, cuyo transporte, almacenamiento y tratamiento posterior tiene enormes consecuencias para la economía mundial. Necesitan materias primas, de modo que alimentan a la activa industria minera mundial. Así que una economía capitalista digital tampoco es ingrávida y también choca con límites materiales.
A Marx, la denominada paradoja de la productividad no le habría dejado frío. Como economista, era un friki fanático y, evidentemente, habría tomado nota de que los países capitalistas de vanguardia, durante las últimas décadas, no han logrado ningún salto realmente impresionante en productividad ni crecimiento. Le habría llamado la atención que, a pesar del uso de tecnologías avanzadas de la información y la comunicación en casi todos los campos, de incrementos exponenciales de la potencia de les ordenadores, de innovaciones constantes, no aumente rápidamente de modo correspondiente la productividad y, con ello, la rentabilidad. No obstante, para Marx la ausencia de fuertes aumentos de la productividad del trabajo con toda la digitalización habría sido un problema, porque, de una innovación técnica, esperaba que se extendiera sobre muchas ramas de la industria, generara una ola de “revoluciones de valor”, de destrucción y renovación de capital, con el ascenso de nuevas ramas industriales y el declive de viejas industrias, esto es, una gran transformación real del capitalismo. Hasta ahora ésta tan sólo se ha suplicado elocuentemente, pero, en las estadísticas relevantes sobre producción y productividad, no aparece.
Por ello, Marx se habría preguntado cómo emplean su capital las empresas de alta tecnología actualmente líderes que dependen totalmente de tecnología digital. ¿Qué producen, qué venden los “cuatro grandes de Silicon Valley”? ¿Cómo y con qué obtienen dinero y ganancias? En primer lugar, bloqueando el acceso general a Internet o a plataformas especiales, abiertas a cambio de una cuota para usuarios de pago, un negocio que tiene poco que ver con técnica digital, y mucho con poder político y acceso de facto a bienes semipúblicos (en parte, también comunes), esto es, con una privatización de la infraestructura digital políticamente autorizada y buscada. En segundo lugar, recopilando datos y revendiéndolos y haciendo propaganda de ellos (un producto informativo híbrido, que combina servicio con representaciones físicas). Entonces pueden, como Facebook y Google, renunciar al cobro de tarifas para el acceso a sus plataformas. Sus clientes, habitualmente otras empresas capitalistas de todas las ramas posibles, compran un sitio en la plataforma y pagan por él una parte (anticipada) del beneficio extra que obtienen gracias a su acción publicitaria. El valor añadido real es sólo marginal, en algunas agencias de publicidad, que, efectivamente, prestan un servicio o bien crean un producto.
Finalmente, Marx se habría interesado por las consecuencias de la digitalización en la propia producción de viejos bienes materiales. Ya vio las consecuencias para los trabajadores industriales de los primeros comienzos del sistema fabril, vio la racionalización y perfeccionamiento de los procesos productivos, acompañados de vigilancia y controles intensivos. Vio la compresión del trabajo, el alargamiento de la jornada, el aumento de su intensidad, la presión creciente y la ascendente inseguridad para los trabajadores industriales. En el volumen primero de El capital, Marx fue uno de los primeros economistas del siglo xix que vio la posibilidad, incluso la inevitabilidad, del paro tecnológico masivo. Argumentó largo y tendido contra los defensores de la denominada teoría de la compensación, esto es, la temprana tesis de que por cada trabajo que desapareciera gracias a los avances tecnológicos, surgiría otro, o más, en otra industria, quizás totalmente nueva y, al final, todo se equilibraría maravillosamente. Marx tenía otra visión. Consideraba posible e inevitable el paro tecnológico masivo, la desaparición de profesiones y categorías laborales enteras en el capitalismo de alta tecnología y, por ello, habría comprendido totalmente nuestras preocupaciones actuales.
Notas:
(1) Estos estudios están documentados en incontables libretas y cuadernos de trabajo que Marx dejó tras de sí. Hasta ahora tan sólo se ha publicado una parte de dichos libros y anotaciones, en la medida en que se han conservado, en los volúmenes de la sección cuarta de la segunda MEGA (obras completas de Marx y Engels).
(2) En la “Introducción”, rápidamente desechada, del verano de 1857 a sus manuscritos económicos de 1857-1858 (en Karl Marx, Friedrich Engels, “Ökonomische Manuskripte 1857/1868”, Werke, Berlín, vol. 42, 1983, p. 21).
(3) Este fragmento, de menos de quince páginas impresas, es importante, p. ej., para el periodista británico Paul Mason, que, por lo demás, no necesita mucho al Marx viejo (véase Paul Mason, Postkapitalismus. Grundrisse einer kommenden Ökonomie, Fráncfort, 2016).
(4) Véase Karl Marx, “Ökonomische Manuskripte 1857/1858”, en Karl Marx, Friedrich Engels, Werke, vol. 42, Berlín, 1983, pp. 601, 602. Por cierto, el desarrollo del sistema fabril hasta la fábrica automática también se encuentra en el volumen primero de El capital.
(5) Tras ello se encuentra el deseo de demostrar teóricamente, con citas de Marx, el inevitable final del capitalismo. Lo que Marx describe en el fragmento, como experimento intelectual, es un futuro altamente tecnologizado del capitalismo, que no se puede aprehender, tan ligeramente, con los conceptos facilones de valor. Ciertamente no, si se soslayan los problemas irresueltos de la teoría marxiana, como es mala costumbre entre filósofos y adeptos a las más nuevas lecturas de Marx.
(6) Para poder convertir la información en mercancía, hay que trabajarla. Quien tenga que comprar una información, debe saber qué valor tiene, pero el vendedor no le puede revelar su contenido, es decir, su valor de uso, antes de haberla vendido y de que ésta haya sido totalmente pagada. De ahí que se den originales formas intermedias de venta, esto es, de abandono parcial de los derechos de uso con el tiempo.
(7) Sobre esto, véase Rainer Fischbach, Die schöne Utopie. Paul Mason, der Postkapitalismus und der Traum vom grenzenlosen Überfluss, Colonia, 2017.
Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, profesor de economía política en la Universidad de Lancaster, es uno de los grandes conocedores vivos de la obra de Marx. Acaba de publicar el libro "Kritik der politischen Ökonomie heute. Zeitgenosse Marx" [Crítica de la economía política hoy. Marx contemporáneo] (VSA Verlag 2017).
Fuente:
Spw. Zeitschrift für sozialistische Politik und Wirtschaft, 224, 2018
Traducción:
Daniel Escribano

viernes, 4 de mayo de 2018

Los baches en la red social

Una encuesta entre estudiantes revela dificultades en el uso de Internet
Una encuesta comparada de Enacom con informes internacionales sobre el uso de Internet por parte de adolescentes revela dificultad de diferenciar publicidad de información, el uso de una sola fuente y la extrema confianza en esa fuente.
Los adolescentes buscan en Internet con una actitud de confianza absoluta en las redes y en sus contactos.
Los adolescentes buscan en Internet con una actitud de confianza absoluta en las redes y en sus contactos. 
Imagen: Corbis
Una encuesta realizada por el Enacom (Ente Nacional de Comunicaciones) entre estudiantes secundarios sobre el uso de Internet determinó que el 80 por ciento de los chicos no diferencian ni analizan la procedencia de los datos que obtuvieron en una búsqueda. También determinó que 8 de cada 10 utilizan una sola página web para buscar y no comparan con otras versiones. La encuesta cruzó datos con otros informes realizados en el exterior y determinó que la falta de determinación y de interés en detectar la intencionalidad de las fuentes y la inmediata certeza de la información constituye un problema más allá de las fronteras.
Además de que no diferencian la procedencia de datos y se concentran en la primera página web que encuentran, la mitad de los encuestados basó la búsqueda en la popularidad de la página y no en la autoridad que tuviera la página en ese tema. La mitad tampoco distingue publicidad de información y toman los anuncios como con contenido informativo. Además, 9 de cada 10 estiman que una página es confiable si está bien escrita, no tiene errores, y “si pone muchas cifras”.
Esta información se cruzó con encuestas en la Universidad de Stanford, y del American Press Institute, en Estados Unidos; con una encuesta nacional en el Reino Unido, entre estudiantes de 12 a 15 años; y una encuesta en 18 países de la International Evaluation Association. En la comparación se determinó que la dificultad en distinguir publicidad de información es común; Internet es una fuente de información creíble en exceso; las redes sociales son completamente confiables, y creen en sus contactos. Son, además, su principal fuente de información. En todos los países existe preocupación por la falta de competencias reflexivas respecto a lo que circula libremente por Internet.
Es, además, exigua la proporción de alumnos capaces de evaluar con criterio las informaciones relevantes y si son o no confiables: solo el 2 por ciento. Corea del Sur, que es la más alta en ese aspecto, apenas si llega al 5 por ciento de los adolescentes.
“Verificamos un desaprovechamiento de la posibilidad que brinda Internet de comparar, chequear e investigar –sostuvo la coordinadora de la encuesta, Roxana Morduchowicz–. Está el riesgo también de que al recurrir a una sola página se base todo en un solo punto de vista y que esto reduce la comprensión de los hechos sociales. Esto lleva a que se dificulta construir una opinión autónoma. Al mismo tiempo, los chicos tienen un saber instrumental que les facilita el aprendizaje. El trabajo que tienen que fortalecer padres y docentes es, justamente, la dificultad que presentan los chicos con el saber reflexivo.

jueves, 26 de abril de 2018

Facebook en el capitalismo crepuscular

Alejandro Nadal

En junio de 1999 un estudiante universitario llamado Shawn Fanning puso en operación una plataforma para compartir música. La innovación permitía a los usuarios acceder a la música almacenada en sus computadoras en condiciones de reciprocidad. Fanning bautizó su plataforma como Napster, apodo que usaba para burlarse de los hackers.
Napster no era una red centralizada y permitía a los participantes tener acceso a una vasta discoteca a un costo marginal: en su apogeo llegó a contar con más de 70 millones de usuarios. Y luego, las cosas se pusieron feas.
Fanning fue demandado por las compañías disqueras y en 2001 perdió el juicio por promover la descarga ilegal de material protegido por las leyes de derechos de autor que amparaban a las disqueras. Así se impusieron los esquemas centralizados y de paga. Los nostálgicos de los años en que se pensaba que el capitalismo desaparecería porque las redes sociales hacían obsoletos los viejos esquemas de concentración de poder deben reconsiderar su análisis.
La comparecencia de Mark Zuckerberg ante el Congreso estadunidense hace unos días fue una farsa y un episodio más de la campaña de “pido perdón” del creador de Facebook. También mostró que la mayoría de los legisladores no sabía nada sobre el funcionamiento de la plataforma. Cada legislador tuvo cinco minutos para hacer preguntas, así que el interrogatorio fue superficial y sólo sirvió como operación de relaciones públicas del jefe de Facebook. También reveló que Zuckerberg no sabe nada de historia, economía ni ética.
No es la primera vez que un escándalo marca las operaciones de Facebook. En 2010, el Wall Street Journal descubrió que esa aplicación estaba vendiendo información privada sin el consentimiento de los usuarios a compañías rastreadoras de Internet y agencias de publicidad. Peor aún: en 2014, Facebook llevó a cabo experimentos sobre las cuentas de 689 mil usuarios (sin su conocimiento) y mostró que era posible hacerlos sentir más optimistas o pesimistas mediante la manipulación de las informaciones que supuestamente les enviaban sus amigos en un proceso denominado “contagio emocional”. El experimento mostró que la formación de opiniones podía condicionarse por el consumo “dirigido” de noticias y que esto podía tener graves repercusiones sobre preferencias electorales.
Hay sabemos que entre 2015 y 2016, Facebook vendió más de 100 mil dólares de espacio publicitario a “granjas de trolls” en Rusia y que 126 millones de cuentas de usuarios estadunidenses estuvieron expuestas a noticias enviadas por estos perfiles falsos de supuestos ciudadanos concernidos. No estoy implicando que la elección de Trump se decidió de este modo, eso nunca lo sabremos (las corruptelas y el entreguismo del Partido Demócrata fueron más importantes). Lo que quiero destacar es que hoy que se destapa la cloaca con los tratos con la empresa Cambridge Analytica se abren nuevas perspectivas sobre las relaciones entre la agregación de datos individuales y el modus operandi del capitalismo contemporáneo.
Las palabras big data denotan un acervo gigantesco de información personalizada que sólo un poderoso algoritmo puede procesar para elaborar un perfil preciso de cada usuario con fines comerciales. Lo importante es no sólo el uso comercial de estas bases de datos, sino el hecho de que colosos como Amazon, Google o Facebook pueden ahora incursionar en la manipulación política y hasta en funciones propias de un gobierno. El modelo de capitalismo financiero que hoy domina la economía mundial tolera y parece promover estas nuevas incursiones en el mundo del big data.
Y es que la acumulación y procesamiento de datos personales permite profundizar la apropiación de nuevos espacios de rentabilidad para un capitalismo que sufre una caída crónica en la tasa media de ganancia desde hace cuatro décadas. El neoliberalismo se ha basado en la supresión salarial y la destrucción del poder social y político de la clase trabajadora. Aun así no ha podido contrarrestar su crisis de rentabilidad ni evitar la concentración de la riqueza y tampoco ha podido evitar el semiestancamiento en el que se encuentra la economía mundial. En ese contexto, agregar y cosechar datos es una oportunidad que el capitalismo no quiere desperdiciar. Y para aprovecharla se ha llevado a un nuevo estándar la mercantilización de las relaciones sociales. El gigantismo y la concentración de poder se han intensificado para convertir la esfera de la vida privada en mercancía.
Por cierto, en México el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) anunció hace poco que se había firmado un convenio con Facebook para evitar que las noticias falsas desorientaran a los votantes y afectaran el proceso de las próximas elecciones. El momento escogido para suscribir tal convenio no pudo ser más desafortunado. En medio del peor escándalo en la historia de Facebook, poco faltó para que el INE lo elevara a rango de autoridad electoral. ¿Quién decidirá lo que es noticia falsa? ¿El INE? El atraso e incompetencia de los funcionarios del instituto electoral son ejemplares.
Economista, es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente:
http://media.jornada.com.mx/2018/04/18/opinion/021a1eco

domingo, 22 de abril de 2018

Países de América Latina y el Caribe se comprometen a impulsar el ecosistema digital, el comercio electrónico, el acceso a la información pública y a proteger la privacidad

Con la Declaración de Cartagena, aprobada al término de la Sexta Conferencia Ministerial sobre la Sociedad de la Información, la región acuerda la Agenda Digital 2020 para alcanzar un desarrollo sostenible con igualdad.

Cierre conferencia eLAC2020
Con la Declaración de Cartagena adoptada hoy en Colombia , los países de América Latina y del Caribe aprobaron la Agenda Digital eLAC 2020 que busca la cooperación regional para seguir avanzando en la inclusión, la digitalización de la producción, el desarrollo de las habilidades en la población así como promover el gobierno abierto y una gobernanza que estimule la colaboración entre países.
La Declaración se aprobó en el marco de la Sexta Conferencia Ministerial sobre la Sociedad de la Información de América Latina y el Caribe, que finalizó hoy y en donde se eligió a Colombia como el país que presidirá la conferencia eLAC en el período 2018 a 2020. En 2019, Ecuador será sede de la reunión preparatoria rumbo la Séptima Conferencia Ministerial que se realizará en Brasil en 2020.
Al felicitar al gobierno de Colombia por haber sido electo para presidir el proceso eLAC en los siguientes dos años en representación de la Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, el Secretario Ejecutivo Adjunto a.i. del organismo, Mario Cimoli, subrayó la importancia de que los gobiernos de la región asuman la agenda digital como política de Estado coordinada desde el más alto nivel, pues las tecnologías de información y las comunicaciones son un cambio profundo en la formas de producción, de comunicación y de relación humana que no pueden verse en forma aislada.
Cimoli resaltó la importancia de la integración y colaboración entre los países para conformar mercados grandes que permitan desarrollar soluciones que integren a las pequeñas y medianas empresas. De allí la relevancia de crear espacios para la gobernanza de internet que promueva la igualdad de género, prevenga el cibercrimen, refuerce los mecanismos regionales y genera sinergias, además de impulsar la armonización regulatoria y la institucionalidad, la privacidad y la protección de datos personales.
“El desarrollo no podrá pensarse sin las nuevas tecnologías, por eso es tan relevante este trabajo de la agenda digital regional”, dijo.
El Ministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia, David Luna, dijo que su país asume con entusiasmo la presidencia de eLAC y agradeció la alianza con la CEPAL en sus nuevas responsabilidades.
“En eLAC somos exigentes con la protección de datos personales y trabajaremos como Estados para que ese respeto sea una realidad”, aseguró Luna.
La Agenda Digital eLAC 2020 que acordaron los países está ordenada en siete áreas de acción: Infraestructura digital; transformación digital y economía digital; gobierno digital; cultura, inclusión y habilidades digitales; tecnologías emergentes para el desarrollo sostenible; mercado digital regional; y gobernanza para la sociedad de la información.
En infraestructura, los países acordaron promover políticas públicas para desarrollar sistemas de banda ancha y alternativas viables de las redes de acceso local y comunitario. En la transformación digital y economía digital se puso foco especial en el apoyo a las Mipymes y el emprendimiento. Se buscará también promover iniciativas de gobierno abierto e impulsar estándares de servicios digitales que faciliten los servicios gubernamentales.
En cultura, inclusión y habilidades digitales, proponen actualizar los contenidos curriculares que permitan a estudiantes y ciudadanos afrontar los retos de la economía digital; fortalecer el análisis de grandes datos y masificar el acceso a servicios digitales. Para la acción de tecnologías emergentes para el desarrollo sostenible, los países acordaron promover servicios financieros digitales como prioridad para desarrollar sistemas financieros inclusivos.
Por otro lado, los países manifestaron su rechazo a la recolección no autorizada y el uso indebido de datos personales y acordaron impulsar mecanismos idóneos para el tratamiento de esa información. 
Los países decidieron continuar con el desarrollo de una estrategia de mercado digital regional que incremente el comercio electrónico transfronterizo. Además, manifestaron la necesidad de impulsar políticas digitales que aprovechen las tecnologías emergentes de la revolución tecnológica y su impacto en la economía y el bienestar.

Datos, algoritmos y políticas: la redefinición del mundo digital

 
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Datos, algoritmos y políticas: la redefinición del mundo digital
 
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La convergencia del mundo físico y el mundo digital confgura un ecosistema cuya dinámica redefine el modelo de desarrollo económico y social. En este libro, presentado por la CEPAL en la Sexta Conferencia Ministerial sobre la Sociedad de la Información de América Latina y el Caribe (Cartagena de Indias, 18 a 20 de abril), se analizan la Internet de las cosas, las cadenas de bloques y la inteligencia artifcial, y su potencial transformador. Se estudian dos elementos habilitantes para su uso: las plataformas digitales globales y la formación de recursos humanos. Se analizan esas y otras tecnologías digitales en las actividades manufactureras y de servicios avanzados, y las empresas de tecnología fnanciera digital (fintech). Se concluye con una refexión sobre las implicancias de la inteligencia artifcial para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

martes, 17 de abril de 2018

Sujetos felizmente manipulados, no gracias

Un punto de partida para comprender el alcance de la masiva fuga de datos de usuarios de Facebook y su uso político es centrarnos en la oscura relación entre las empresas y las agencias de inteligencia.

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