Under Pressure x Queen

Presión
Aplastándome
presión aplastándote a ti
ningún hombre la pide.
Bajo presión
Ese fuego que
derriba un edificio
divide a una familia en dos,
pone a l gente en las calles.

La maldita máquina de matar x Billy Bond y la pesada del Rock and Roll

Tengo que derretir esa máquina de matar,
tengo que derretir esa maldita máquina de matar.
Para que nunca más vuelva
a destruir lo que hacemos con amor, amor.

Desencuentro x Almafuerte

Estás desorientado y no sabés,
qué bondi hay que tomar, para seguir.
Y en triste desencuentro con la fé,
querés cruzar el mar, y no podés.
La araña que salvaste te picó.
Qué vas a hacer.
Y el hombre que ayudaste te hizo mal,
dale que vá.
Y todo un carnaval, gritando pisoteó,
la mano fraternal que Dios te dió.

viernes, 7 de abril de 2017

Estudios críticos organizacionales: hacia una repolitización de los nuevos mundos del trabajo - Política y Sociedad Vol. 54, #1 (2017)

Vol 54, No 1 (2017)

Estudios críticos organizacionales: hacia una repolitización de los nuevos mundos del trabajo

Tabla de contenidos

Presentación

PresentaciónPDF
Carlos Jesús Fernández Rodríguez15-22

Monografía

Estudios críticos de la gestión: estudios culturales de los conflictos en el mundo del trabajoPDF
Carlos Jesús Fernández Rodríguez23-44
El desarrollo de los estudios críticos de gestión en los países latinoamericanos de habla hispanaPDF
Ernesto R. Gantman45-64
Reconstrucciones de la identidad laboral en contextos organizacionales inviviblesPDF
Juan Carlos Revilla Castro65-86
Nuevas técnicas de control sobre el trabajo del conocimiento: un intento por complementar la noción de poder de los "Critical Management Studies (CMS)"PDF
Jesús Antonio Ruiz Herrero87-109
Gobernar la producción y el trabajo por medio de estándares. El caso de la industria agroalimentaria en MurciaPDF
Carlos de Castro, Natalia Moraes, Isabel Cutillas111-138

Miscelánea

El entramado experto en la construcción de identidades en la contemporaneidadPDF
Daniel Muriel143-161
Participación ciudadana: de la participación en la gestión a la gestión de la participaciónPDF
Andrés Cernadas Ramos, Luca Chao Pérez, Carmen Pineda Nebot163-189
Nuevos activismos sociales en la era digital: de las masas al "crowd"PDF
Elena Gil Moreno191-209
Violencia de Estado y trasmisión entre las generacionesPDF
Pablo Eduardo Cabrera Pérez, Roberto Aceituno, Felipe Matamala, Jorge Fischer211-231
La verdad en debate. La primacía del paradigma jurídico en el examen de las violaciones a los derechos humanos en la ArgentinaPDF
Emilio Ariel Crenzel233-253
Etnografía y Ciencia Política: la excepcionalidad del caso españolPDF
Patricia García Espín255-275
Variables contextuales y comunidades nacionales imaginadas en los países de la UE-15PDF (English)
Antonia María Ruiz Jiménez, Elena Ferri Fuentevilla, Luis Navarro Ardoy277-300

Reseñas

Mair, P. (2015): “Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental”, Madrid, Alianza. 176 pp.PDF
Paloma Román Marugán301-303
Rodríguez Prieto, R., y A. González Pascual (2014): “Caos Digital y Medios Comunes. Transformaciones de la Comunicación Social en el Siglo XXI”, Madrid, Editorial Dykinson. 360 pp.PDF
María Rosario Carvajal Muñoz305-307
Escárzaga, F., R. Gutiérrez, J. Carrillo, E. Capece y B. Nehe (coord.) (2014): “Movimiento indígena en América Latina: resistencia y transformación social (volumen III)”, México, Universidad Autónoma Metropolitana...PDF
Gabriela Lechuga Juárez309-311
Ferri Durá, J. (comp.) (2016): “Con la música a otra parte… Entre política y sociedad”, Granada, Libargo. 232 pp.PDF
Cristián Martín Pérez-Colman313-317
Posada Kubissa, L. (2015): “Filosofía, crítica y (re)flexiones feministas”, Madrid, Editorial Fundamentos. 192 pp.PDF
Rosa Cobo Bedia319-321
Breves reseñas biográficasPDF
323-329



Política y Sociedad
ISSN 1130-8001
ISSN-e 1988-3129
© 2017. Universidad Complutense de MadridBiblioteca Complutense | Ediciones Complutense

lunes, 3 de abril de 2017

Los niños prefieren los libros en papel, y la ciencia les da la razón

Existe una idea generalizada de que los niños son más propensos a leer si se trata de un dispositivo como un iPad o un Kindle. Sin embargo, un nuevo estudio demuestra que no tiene por qué ser el caso.
En una investigación realizada con niños de entre 4 y 6 años, aquellos que tenían acceso regularmente a dispositivos con capacidad de lectura electrónica (como el Kindle, iPads y teléfonos móviles) no tienden a usar sus dispositivos para la lectura, incluso cuando se trata de niños que leen a diario. El estudio también reveló que cuantos más dispositivos tiene un niño, menos lee en general.
La conclusión es que suministrar a los niños con dispositivos de lectura electrónica en realidad puede inhibir su lectura y que los libros en papel siguen siendo a menudo los preferidos por los más pequeños.
Estos hallazgos coinciden con estudios previos que analizaban las preferencias de lectura en adolescentes. Esta investigación demostró que mientras algunos estudiantes disfrutaban leyendo libros en los dispositivos, la mayoría de los estudiantes con acceso a estas tecnologías no las usaban regularmente para leer. Es importante destacar que los lectores más ávidos no solían leer libros en dispositivos electrónicos.

¿Por qué creemos que los niños prefieren leer en pantallas?

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Hay una creencia popular de que los más pequeños prefieren leer en pantallas, algo que se debe principalmente al experto en educación Marc Prensky cuando en 2001 acuñó el término "nativos digitales”. Este término caracteriza a los jóvenes que tienen un alto nivel de formación digital y una preferencia común por la lectura en pantallas.
Pero los jóvenes no tienen un conjunto de habilidades comunes y la afirmación de que prefieren las pantallas no está respaldada por la ciencia.
A pesar de que se trate de un mito, ya ha tenido un impacto en las decisiones a la hora de asignar recursos para libros en las bibliotecas escolares y públicas, tanto en Australia como en los EE.UU., con algunas bibliotecas incluso retirando todos los libros en papel en respuesta a una supuesta preferencia por los libros electrónicos.
Pero con estas medidas lo que las bibliotecas realmente hacen es limitar el acceso de los jóvenes a su modo de lectura preferido, pudiendo a su vez tener un efecto perjudicial sobre su frecuencia de lectura.
La lectura en los dispositivos a través de una aplicación hace que sea más fácil distraerse, al permitir que el usuario cambie de aplicación
Los jóvenes cada vez tienen más acceso a los dispositivos a través de programas promovidos por los colegios, mientras que los padres se enfrentan al márketing agresivo para estar al tanto de las tecnologías de la educación en casa.
En Australia se fomenta el uso de los dispositivos en los colegios y la asignatura de informática y comunicación está marcada como una destreza general que ha de ser demostrada en todas las áreas temáticas del plan de estudios.
Puede que las ideas que apunten hacia la lectura de libros de ocio en pantallas sean firmes, pero no están bien fundadas.

¿Por qué los estudiantes suelen preferir los libros en papel?

La lectura en los dispositivos a través de una aplicación hace que sea más fácil distraerse, al permitir que el usuario cambie de aplicación.
Para aquellos estudiantes que ya sufren de déficit de atención, jugar a un videojuego produce una recompensa inmediata que fácilmente superará a los beneficios a largo plazo de la lectura.
La ciencia ha demostrado que la lectura de libros es una manera más eficaz tanto para mejorar como para conservar las competencias lingüísticas. Sin embargo, los jóvenes cada vez leen menos libros
La alfabetización digital también podría ser un problema porque para utilizar un dispositivo para la lectura, los niños necesitan aprender a utilizar dichos dispositivos para leer. Además, necesitan saber cómo acceder a material de lectura libre de forma legal a través de aplicaciones como Overdrive o páginas web como el Proyecto Gutenberg.

Consejos para fomentar la lectura en tus hijos

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La ciencia ha demostrado que la lectura de libros es una manera más eficaz tanto para mejorar como para conservar las competencias lingüísticas, a diferencia de leer simplemente otros tipos de texto. Sin embargo, la investigación internacional sugiere que los jóvenes cada vez leen menos y menos libros.
Si bien es poco probable que proporcionarles dispositivos con los que puedan leer libros electrónicos les anime a leer de por sí, hay una serie de estrategiasrespaldadas científicamente, que pueden ayudar a motivar a los niños a abrir un libro. Estas medidas incluyen:
  • Que vean cómo disfrutas de la lecturaEste estudio demostró que un buen número de estudiantes no sabía que a sus profesores de lengua en realidad le gustaba leer. Aquellos maestros que eran ávidos lectores inspiraban a algunos estudiantes a leer con más frecuencia y tener un interés en una gama de libros más amplia.
  • Crear (y frecuentar) espacios de lectura en casa y en la escuela. Los ruidos fuertes, la mala iluminación y numerosas distracciones no ayudan a proporcionar una experiencia de lectura agradable y es probable que lleven a la frustración.
  • Fomentar una lectura en silencio habitual de libros en la escuela y en casa. Darle a los niños tiempo para leer en la escuela no sólo fomenta una rutina de lectura, sino que también puede ser la única oportunidad que un niño tenga para que leer libros que ha escogido por gusto propio.
  • Los profesores y los padres deben hablar de libros, compartiendo ideas y recomendaciones.
  • Sigue animando a tus hijos y a tus alumnos a leer por placer. Si bien sabemos que los niños tienden a olvidarse de los libros con el paso del tiempo, en algunos casos, esto puede deberse a la retirada del estímulo una vez que los niños pueden leer por su cuenta. Esto lleva a los niños a asumir erróneamente que la lectura ya no es algo importante para ellos. Sin embargo, la lectura sigue siendo importante tanto para los niños como para los adultos como forma construir y conservar las habilidades lingüísticas.
  • Averigua qué es lo que le gusta leer a tu hijo y facilita acceso a los libros en la escuela y en casa.
Autores:
  • Margaret Kristin Merga, Profesora e Investigadora de Alfabetización adolescente, Promoción de la Salud y Educación. Universidad de Murdoch (Australia)
  • Saiyidi Mat Roni, Profesor en la Universidad Edith Cowan (Australia)
Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer el artículo original aquí
Fotos | iStock

domingo, 22 de enero de 2017

Women’s March Is The Biggest Protest In US History As An Estimated 2.9 Million March


Millions of Americans have taken to the streets from New York to Los Angeles and everywhere in between as the Women's Marches on Washington is estimated to be the biggest one-day protest in US history.
Women’s March Is The Biggest Protest In US History As An Estimated 2.9 Million March
Millions of Americans have taken to the streets from New York to Los Angeles and everywhere in between as the Women’s Marches on Washington is estimated to be the biggest one-day protest in US history.
UConn professor Jeremy Pressman is keeping a running total of crowd estimates across the United States in a Google document.
An estimated 60,000 people marched in Atlanta. 250,000 are marching in Chicago. There are estimates of 250,000 people in Boston, and 200,000 more in Denver. In New York, the estimate ranges from 200,000-500,000. City officials estimate that 500,000 people participated in the main march in Washington, DC. In Los Angeles, the estimate is anywhere from 200,000-750,000.
There were also protests of 60,000 in Oakland, CA, 50,000 in Philadelphia, 100,000 in Madison, WI, 20,000 in Pittsburgh, 20,000 in Nashville, TN, and 60,000 in St. Paul, MN.
Politicus Podcast: Women’s March Brings A Pink Apocalypse Upon Trump 
1982’s anti-nuclear march in New York City drew an estimated crowd of 1 million. The 1963 Civil Rights March on Washington drew 250,000. 1969 anti-Vietnam war march in Washington was attended by an estimated 500,000-600,000. 1995’s Million Man March was attended by 400,000-1.1 million. In 1993, the LGBT March for equal rights had a crowd of 800,00-1 million.
There has never been anything in US history like the Women’s March. It is nationwide, and proof that the American people are not going accept the agenda of the Trump administration without a serious fight.

Donald Trump y el nuevo orden mundial que se avecina

Gabriela Simon 

22/01/2017
Con su orientación nacionalista, Trump abandona las estrategias hegemonialistas de la política estadounidense y deja el camino expedito a quienes estén dispuestos a cargar con responsabilidades globales. Este texto versa sobre las oportunidades y los riesgos que ofrece el cambio que se avecina en la política mundial. 
Como muy tarde después de la desaparición de la Unión Soviética, quedó en el aire la cuestión sobre el modo en que los EEUU, la superpotencia sobreviviente, abdicaría y saldría de escena. Había al respecto diversas teorías. La mayoría se inclinaban por los desbordantes déficits económicos de los EEUU, el déficit comercial y el endeudamiento público. Podría ocurrir, según una tesis particularmente estimada, que un buen día esos déficits llevaran a un desplome, en el transcurso del cual el dólar perdería su función de moneda de reserva mundial y los EEUU, su supremacía política planetaria.
O bien, esta otra tesis: en caso de conflicto, Rusia y China podrían lanzar al mercado sus considerables reservas de títulos del Tesoro norteamericano y desencadenar un desplome de los bonos estadounidenses y del dólar.
Nada de todo eso ocurrió. Ni siquiera la grave crisis financiera de 2008 logró afectar a la hegemonía estadounidense. A despecho de una deuda pública rayana en los 20 billones de dólares, los inversores siguieron considerando los bonos del Tesoro norteamericano y el dólar inversiones seguras, particularmente apetecibles en tiempos de crisis.
Con la elección de Donald Trump como nuevo Presidente de los EEUU las cosas están ahora claras. Análogamente a como hizo su otrora contraparte a fines de los años 80, la superpotencia EEUU se despide con una suerte de implosión. Debilitada y dividida internamente como está, no puede ya seguir sus estrategias imperiales. Y como le ocurrió a la Unión Soviética, no hay desplome a la vista que precipite el fin, sino que se trata de un cambio político inesperado que, bien mirado, no resulta en absoluto tan sorprendente.
Decidiéndose por Trump, los electores norteamericanos han sacado el foco de la política estadounidense encumbrada en su papel de dirección global para bajarlo a las llanuras de la sociedad norteamericana, a las realidades menos lustrosas de la vida cotidiana en las regiones económicamente deprimidas y en las comunidades socialmente desarboladas.
Visto así, tiene cierta lógica que también hayan echado por la borda la fe en el progreso y las pretensiones de modernidad y liberalidad con que los EEUU habían fundamentado su papel dirigente y hayan hecho Presidente a un nacionalista reaccionario que promete dar marcha atrás a la rueda de la historia y que en campaña electoral se ciscó a calzón quitado en los valores de la nación norteamericana moderna y globalizada.
La hegemonía global se funda en la capacidad de integrar en el propio poder y en los propios intereses estratégicos a otros Estados de modo tal, que esos Estados vean también en ello ventajas para sí mismos y terminen, más o menos voluntariamente, cooperando.  
Los países industrializados occidentales necesitan mantener su posición hegemónica para asegurarse a escala planetaria el acceso a mercados comerciales, recursos minerales, empresas estatales, tierras fértiles y fuerza de trabajo barata. Por eso en su modelo de dominación las estrategias de libre comercio y permanente apertura de mercados y sociedades a los intereses de los negocios del capital mueble juegan un papel central.
Pero para que ese modelo de dominación funcione, los países industriales rectores tienen que pagar un precio. Los puestos de trabajo se marchan a países con salarios más bajos. Más y más desarraigados procedentes del Sur cruzan hacia el Norte las fronteras en busca de mejores oportunidades vitales. En la campaña electoral estadounidense, esos asuntos jugaron un papel importante, y no sólo para Trump. También el candidato de la izquierda, Bernie Sanders, criticó las estrategias de libre comercio de los EEUU y sus consecuencias para los trabajadores norteamericanos.
Así, por ejemplo, el tratado de libre comercio para América del Norte (NAFTA) suscrito por EEUU, Canadá y México habría costado cerca de 700.000 puestos de trabajo a los EEUU. Desde la incorporación de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, se han perdido más de 2 millones de empleos industriales. Mientras que las grandes empresas estadounidenses pudieron construir y afianzar su papel dirigente a escala planetaria, los trabajadores de su propio país perdieron puestos de trabajo estables y poder de negociación sindical.
A lo que hay que añadir otro efecto lateral indeseado. El conjunto de países en el umbral del desarrollo, señaladamente China, ha conseguido sacar provecho de los mercados mundiales, armar su fortaleza económica y poner en cuestión el dominio global de los países industriales occidentales.
Pronto será China –por su PIB— la mayor potencia económica del mundo. En algunos grandes países en vías de desarrollo los estratos medios han experimentado un auge sin precedentes, mientras que, en cambio, la situación de los trabajadores y de las capas medias bajas en los países industriales hasta ahora dirigentes no mejoró o empeoró. Mientras en los EEUU de la crisis financiera muchas personas de clase media se quedaron sin techo, en China un simple trabajador podía convertirse en multimillonario.
La agenda hegemonial de los EEUU se ve, pues, confrontada, por un lado, con la creciente insatisfacción de los trabajadores y los estratos medios desclasados y, por el otro, con el creciente poder de los países en vías de desarrollo robustecidos económicamente, los cuales pretenden ahora –sobre todo los BRICS: Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica— codeterminar las reglas del juego de la economía mundial y sus instituciones.
En ese telón de fondo, la victoria electoral de un político nacionalista como Donald Trump representa un punto de inflexión. Trump ha anunciado en su campaña electoral que los EEUU no seguirán pagando el precio de sus estrategias hegemónicas. Ni pérdida de puestos de trabajo, ni inmigración procedente del Sur, ni transferencias de poder en desfavor de los EEUU.
Trump y el final de un proyecto antidemocrático
“Podemos darle la vuelta a todo, y podemos hacerlo rápido”, prometió Trump con la vista puesta en la masiva perdida de puestos de trabajo en industrias tradicionales como el acero y la producción automovilística. Trump quiere “traer de vuelta” los puestos de trabajo y “hacer grande de nuevo a América”.
Para conseguir darle la vuelta a todo, Trump se propone, entre otras cosas, llevar a cabo un giro radical en la política comercial. Un giro que convertiría la actual arquitectura de la política estadounidense de libre comercio en una escombrera.
El Tratado de Asociación Transpacífica (TPP), ya firmado, es según Trump, “un desastre potencial para el país”, razón por la cual quiere rescindirlo desde el comienzo mismo de su mandato. El Tratado de Libre Comercio para América del Norte (NAFTA) –“el peor negocio de todos los tiempos”— deberá ser renegociado. El TTIP, el planeado tratado entre la UE y los EEUU, ha sido discretamente congelado por la UE desde el triunfo electoral de Trump. Contra China procederá Trump con aranceles punitivos y pleitos en la OMC.
Lo cierto es que en nada de lo que se propone puede estar más seguro Trump de que encontrará un amplio apoyo en la sociedad norteamericana. Hasta Hillary Clinton tuvo que distanciase –ya fuera retóricamente— del TPP en la campaña electoral. Dennis Williams, presidente del sindicato obrero automovilístico United Automobil Workers (UAW) –400.000 afiliados—, que apoyó a Clinton en la campaña electoral, ofreció a Trump inmediatamente después de su victoria colaboración en este punto. De modo parecido se manifestó Richard Trumka, jefe de la poderosa federación sindical AFL-CIO.
La perspectiva de un final abrupto del gran proyecto occidental de libre comercio propició desconcierto e inseguridad en el otro lado del Atlántico, no menos que en el otro lado del Pacífico. Porque el TPP y el TTIP eran mucho más que meros tratados de libre comercio. Con ellos quería defender Occidente su poder para determinar las reglas de la globalización.
Los países industriales dirigentes habían venido teniendo cada vez más problemas para imponerse en la OMC. Porque la situación había cambiado fundamentalmente gracias al robustecimiento de países en el umbral de desarrollo como India, China y Brasil. Los países del Sur global tenían ahora, en conjunto, más poder negociador. Les fue, por ejemplo, posible, disponiendo de suficiente personal calificado y de representantes en todas las comisiones de trabajo, observar y percatarse de los distintos riesgos que podían correr. En suma: la OMC se convirtió en una organización relativamente democrática.
Demasiado democrática para el gusto de occidente. La “Ronda de Doha” puesta en marcha por la OMC en 2001 con gran alarde publicitario, y en la que tenía que negociarse un ambicioso programa global de libre comercio, fracasó porque no pudieron ponerse de acuerdo en torno a las propuestas de los países industrializados. Los EEUU pasaron entonces a formar coaliciones con sus partidarios promoviendo los proyectos TTIP y TPP, a fin de poner bajo presión al resto del mundo.
Complementariamente, la UE negoció con Canadá el Tratado CETA. Los Estados africanos y caribeños fueron forzados por la UE a firmar tratados de libre comercio bajo la amenaza de retirarles los beneficios aduaneros para sus exportaciones existentes desde hacía décadas. También con –hasta ahora— tres Estados de la Comunidad andina (Perú, Colombia y Ecuador) logró este tipo de tratado la UE.
Si todos esos tratados entraran en vigor, estaría ya una parte considerable del planeta sometida a un régimen de libre comercio que afecta a ámbitos vitales de prestación de servicios, seguridad alimentaria y acceso a medicamentos, lo que redundaría en el ulterior robustecimiento del poder de las empresas que actúan a escala global frente a los Estados y las sociedades.
El acceso a los mercados de los Estados que no participaran empeoraría notablemente. De modo que incluso Estados ya en el umbral del desarrollo, como India y China, pueden ser presionados para firmar tratados de este tipo o para sumarse a acuerdos ya existentes.
“Nosotros” deberíamos determinar las reglas de juego de la globalización, ha repetido también una y otra vez el gobierno alemán, y no deberíamos dejárselo a “los chinos”. Efectivamente, TPP, TTIP y compañía siguieron desde el comienzo un curso antidemocrático. Se proponían instalar un régimen global de libre comercio contra la voluntad de la mayoría de los miembros de la OMC.
Que ahora precisamente un magnate económico neoliberal como Donald Trump se proponga impedir ese proyecto antidemocrático, parece una ironía de la historia. Pero acaso se trate también de una astucia de la historia. Pues precisamente éste sería el papel que habría tenido que jugar el candidato de la izquierda, Bernie Sanders. Sanders ya había pronosticado acertadamente en 1993 los efectos desastrosos del Tratado NAFTA, y ha convertido la crítica al TPP en uno de los temas importantes de la precampaña electoral Demócrata. Pero fracasó como candidato a Presidente ante Hillary Clinton.
Sanders es sin la menor duda el crítico más solvente y más creíble de la política de libre comercio. Pero, como Presidente de los EEUU, ¿habría podido imponerse con una desviación tan radical de las estrategias hegemónicas de los EEUU? ¿No habría estado en una posición todavía más desventajosa que la de un Barak Obama que tenía tras de sí a todo su Partido?
No es difícil de imaginar la concertada cacería contra un Sanders Presidente a la que se habrían librado Wall Street, los medios de comunicación “respetables”, los Republicanos, el establishment de los Demócratas y el habitual séquito de economistas apoltronados. Se le habría reprochado un vétero-socialismo rancio y tan ajeno a la realidad como cabezonamente dispuesto a arruinar la economía y a poner en riesgo la creación de puestos de trabajo. En caso de que hubiera osado simplemente a rescindir el acuerdo TPP firmado por Obama, se lo habría declarado una peligrosísima amenaza para el conjunto de la economía mundial.
Por loco que ello pueda parecer, lo cierto es que el crudo nacionalista Donald Trump parece ser el hombre adecuado para esta tarea. Tiene con su Partido mayoría en ambas cámaras del Congreso. Con su obstinación, su rudeza, sus deliberados juegos de confusión y su consecuente desprecio por la corrección política, Trump ha demostrado tener una independencia y una fuerza que ya le permitieron imponerse electoralmente a los medios de comunicación y al conjunto del establishment.
Tal vez se necesite a alguien como Trump para sacar a los EEUU de su papel de superpotencia. A alguien que pueda transmitir creíblemente que así les irá mejor a los ciudadanos estadounidenses y que América recuperará su vieja grandeza.
Vuelta a la política clásica de la gran potencia
En la mentalidad empresarial de Trump, los tratados multilaterales de libre comercio a largo plazo tienen la desventaja de que los EEUU no pueden hacer valer plenamente su poder económico y geoestratégico en cada momento y en cada país concreto, porque quedan atados por acuerdos engorrosamente generales.
Tampoco la política exterior instigadora de cambios de régimen político con la que Obama y sus precursores han intervenido a fuego en guerras civiles interminables ha tenido para las grandes empresas estadounidenses más que una utilidad muy limitada. La estrategia de confrontación con Rusia no fue, desde luego, un buen negocio. Putin no cayó, sino que intensificó su colaboración con China y los otros Estados BRICS, con el resultado final de que los cambios en las relaciones de fuerza global dieron un impulso adicional a los Estados BRICS. Para el mundo norteamericano de los negocios, Trump puede darles probablemente más consiguiendo el acceso a las inmensas riquezas rusas en materias primas a través de una política de acuerdos y cooperación.
Para “recuperar la grandeza” de la economía estadounidenses y, con ella, de América, Trump se sitúa en un formato político-mundial más reducido. Se aparta de las estrategias de dirección global y configuración económica del mundo y regresa a la política clásica de gran potencia.
Qué aspecto concreto cobrará esto, está por ver. Lo claro es que Trump no actúa precisamente como alguien inclinado a rehuir los conflictos. Cuando no deja de proclamar que pasará la factura a México por la construcción de un muro fronterizo, eso suena a amenaza de un señor colonial que exige a sus tributarios que pasen por caja. Los países latinoamericanos fuertemente vinculados económicamente a los EEUU son quienes particularmente más razones tienen para temer la política de robustecimiento económico y militar de Trump.
Difícilmente podrá conseguir Trump por esta vía una reversión de las cambiadas relaciones de fuerza globales. Su ruido de sables frente a China, por ejemplo, la amenaza con aranceles punitivos y pleitos en la OMC, no es nada substancialmente nuevo.
Desde la entrada de China en la OMC, los EEUU y la UE han planteado más de 20 pleitos contra China. Nunca han dejado de utilizar el arancel punitivo: contra los neumáticos de automóvil chinos en 2009, contra los tubos de acero chinos en 2010, contra las células solares chinas en 2012: ¡y con tasas de hasta el 250%! Sólo el año pasado, 27 países llegaron a promover un total de 119 causas jurídicas contra las exportaciones chinas. Nada de eso pudo frenar el auge de China y el poderío exportador chino.
Se abre un espacio político
En vez de eso, lo que parece anunciarse es un efecto muy distinto e imprevisto de la orientación de Trump hacia una política de gran potencia tradicional. Con su nacionalismo y su rechazo de las estrategias de hegemonía global, Donald Trump abre un espacio político para la configuración de un nuevo orden internacional. Deja la vía libre para quien quiera asumir la responsabilidad global.
Por paradójico que ello pueda sonar, un giro nacionalista inducido por Trump en la política estadounidense ofrece al resto del mundo una oportunidad para configurar más democráticamente el mundo multipolar y enfrentarse conjuntamente a los grandes problemas globales: la regulación de la globalización económica, la defensa global del medio ambiente, la mejora de la situación y de las perspectivas de los 60 millones de refugiados que hay en el planeta, un procedimiento internacionalmente acordado contra el terrorismo islámico radical.
Una anticipación de eso se dio ya antes de la toma de posesión del Presidente electo. En la cumbre climática de Marrakech del pasado noviembre imperaba al comienzo un gran desconcierto tras las elecciones estadounidenses y el anuncio de Trump de que se descolgaría del Acuerdo de París. Hasta que el representante de Pekín anunció que China seguirá colaborando. India, Brasil y Rusia se sumaron, salvando así el encuentro de alto nivel. Erik Solheim, el jefe del programa medioambiental de NNUU, habló entonces de un "nuevo orden mundial general". China y otros países en el umbral de desarrollo habrían “tomado la dirección de la política climática”. 
Qué aportarán China y los otros Estados BRICS a la configuración de las relaciones económicas globales, está por ver. En cualquier caso, hasta ahora, el estilo de los chinos no ha sido el de extorsionar económicamente a otros países y forzarlos a desmantelar aranceles u otros sectores de prestación de servicios básicos para abrirlos a la concurrencia exterior, como, en cambio, sí hizo la “democrática” UE con los Estados africanos. 
China siempre ha apoyado en las organizaciones internacionales las inquietudes del grupo de los 77 en que se han coaligado los países del Sur global. Cuando Argentina fue atacada hace un par de años por los fondos buitres norteamericanos quedando insolvente, fueron los chinos quienes la ayudaron a llegar a fin de mes con generosos créditos y permutas de divisas, mientras que el ministerio estadounidense de finanzas intervino a favor de los fondos buitres.
Los Estados BRICS vienen exigiendo desde hace mucho tiempo una modernización de los organismos de NNUU y –por ejemplo en el caso del FMI y del Banco Mundial— su democratización. Son, una vez más paradójicamente, países gobernados no democráticamente como China y Rusia los que quieren regular democráticamente la globalización, mientras que los representantes de Occidente, que siempre presumen de “valores occidentales”, se aferran a escala global a estructuras antidemocráticas.
Un nuevo comienzo democrático de la política mundial no sólo desequilibraría la balanza del poder a favor de los países ya en el umbral del desarrollo. También los países del Sur dispondrían de mejores oportunidades para hacer que pesaran más sus inquietudes –seguridad alimenticia, protección medioambiental, asistencia sanitaria básica— que la libertad del comercio y de los inversores. Se discutiría abiertamente en los organismos internacionales sobre la configuración de la globalización, lejos de esas negociaciones secretas del TTIP, del TPP o del CETA, en las que los intereses de las grandes empresas globalizadas pueden ser discretamente atendidos y servidos.
Aquí hay sobre todo un problema: todo esto sólo es posible, si Europa colabora. Y hasta ahora no parece que la UE haya reconocido los signos del tiempo. Aquí estamos aferrados a la idea de que sólo los países industriales occidentales pueden definir las reglas de la globalización. En una mezcla de cabezonería y delirio de grandeza, los europeos se empeñan en seguir como si nada los pasos de Obama. “La UE es una superpotencia”, declaró Frederica Mogherini pocos días después de las elecciones en EEUU. Y el ministro luxemburgués de exteriores, Jean Asselborn, la secundó: “Somos una superpotencia”.
Así que la UE se ve ahora como el motor principal del régimen de libre comercio global. La mayoría de los “Tratados de asociación económica” con la UE a que fueron forzados los Estados africanos se hallan todavía en proceso de ratificación. En América Latina, la UE aspira a negociar nuevos tratados. Luego de que en Brasil y en Argentina las viejas elites reaccionarias hayan logrado recuperar el poder, hay buenas posibilidades de llegar a un acuerdo de libre comercio con la alianza económica que es el Mercosur. Las negociaciones comenzarán inmediatamente, a comienzos de este año. Y para facilitar las cosas, ya se ha excluido a la recalcitrante Venezuela del Mercosur.
Quiere hacerse ahora del CETA la regla de oro de todos los futuros tratados de libre comercio. Porque, igual que estaba previsto para el TTIP, el CETA ofrece una jurisdicción particular para los inversores extranjeros, así como una “cooperación reguladora” que permite a los lobistas económicos bloquear de antemano nuevas iniciativas legislativas.
El CETA tiene, además, una peculiar ventaja. Puesto que todas las grandes empresas estadounidenses tienen filiales en Canadá, también ellas podrían aprovecharse del tratado. Las empresas estadounidenses lograrían a través del CETA mejor acceso a los mercados europeos, a los sectores de servicios, a las licitaciones públicas, y todo eso con las correspondientes posibilidades de litigar y pleitear, sin que las empresas europeas tuvieran, en contraprestación, los mismos derechos en los EEUU. Una acuerdo perfecto para Donald Trump.
es una especialista en política internacional, columnista habitual en la revista alemana de izquierda Telepolis.
Fuente:
Telepolis, 16 enero 2017
Traducción:
Amaranta Süss
Temática: 

viernes, 18 de noviembre de 2016

El Coltán desde la perspectiva de la Justicia Norte-Sur

Azul es el color del nuevo oro. Un oro que no solo fue descubierto en las tierras de El Dorado para desatar una nueva fiebre. Su nombre es coltán, y solo cuatro países tienen reservas certificadas suficientes para su explotación; otros cinco cuentan con yacimientos del mineral, a pesar de no conocer la cantidad con exactitud
Además del Congo …las mayores reservas probadas en el mundo están en Brasil, Venezuela y China…
Estos minerales son de vital importancia en electrónica por los elementos químicos que los forman, ideales para las placas base y los circuitos. El tantalio del coltán se emplea para fabricar condensadores electrolíticos, el tungsteno de la wolframita es el conector perfecto para los transistores. El estaño de la casiterita ha sustituido al plomo como soldador de excelencia. Y el oro, además de su valor en joyería, resulta imprescindible por su alta conductividad.
Resulta irónico que la República Democrática del Congo no tenga las mayores reservas del mundo de ninguno de estos productos. Australia, Brasil y Canadá albergan más coltán. Bolivia tiene más casiterita. China contiene el 60% de wolframita del planeta, mientras que Sudáfrica es la ‘reina’ del oro.
Esta idea intenta explicar algo muy común: aquellos países con más recursos naturales parecen tener menos crecimiento económico, como pueden ser entre otros Congo o la misma Venezuela.
En el Congo 5 millones de muertos juzgan el latrocinio institucionalizado de las reservas
arcocoltanEl informe de Naciones Unidas (2014) señalaba que las milicias locales de la República Democrática de Congo, apoyadas por Uganda, por Ruanda y por multinacionales mineras, reciben suministros de alimentos, dinero y equipamiento militar a cambio de los minerales de contrabando y que han supuesto más de cinco millones de muertos durante este conflicto que se originó siete años.
En el documento, la ONU pone el acento en las empresas que negocian con el material. ”El papel del sector privado en la explotación de los recursos naturales y la continuidad de la guerra ha sido determinante. Un número de compañías han estado implicadas y han impulsado la guerra directamente. Otras han facilitado acceso a recursos financieros, que han sido empleados para la compra de armas”, sentencia el organismo.
En un libro del economista Julián Pavón (‘China, ¿Dragón o parásito’), se hace referencia a que varios países se han incorporado a ser los principales exportadores de coltán. ”Bélgica es uno de los grandes países compradores y luego lo revende, pero lo curioso de este país es que no tiene, que se sepa, ninguna empresa destinada a la minería del coltán”, indica el autor del libro. Sin embargo China, país donde se fabrica un gran porcentaje de la tecnología es quien ha hecho su mayor incursión. “Varias empresas del país asiático han llevado su logística de transporte para comprarlo e incluso en algunos casos para negociar con los rebeldes y quedarse las explotaciones”, sostiene.
En Venezuela el arco minero del Orinoco parece tener muchas reservas de Coltán
Actualmente, esta gran reserva mineral, se divide en cuatro áreas, la extensión de más de 111 mil kilómetros cuadrados que abarca el Arco Minero del Orinoco, principalmente basado en sus riquezas: En la primera, abundan el oro, el diamante y el coltán; en la segunda, el hierro y el oro y en la tercera hay oro, bauxita, cobre y caolín. También se tienen referencias de que en la Sierra de Imataca, dentro de la extensión del arco, se encuentran yacimientos de coltán.
En este caso, una vez más, como sucede en la mayoría de Iberoamérica, no se ha respetado las mínimas condiciones medioambientales, prometidas por el mismo gobierno chavista.
Hoy parece claro que no podemos afrontar el problema de la minería del robo a los pobres sin la perspectiva Norte-Sur.
Es evidente, para todos los que quieran ver, la ligazón mayor entre empresas mineras y tecnológicas; porque no olvidemos que una de las mayores revoluciones que avanza a la par con la revolución electrónica y de datos, es la de los materiales.
En la medida que la depredación de las grandes transnacionales vayan encontrando a pueblos empobrecidos, sin estructura política y social fuerte; éstos serán “carne de cañón” para generar más violencia e injusticia.
En esta cadena de dolor no podemos olvidar la minería informal, que no por ser informal es menos productiva para este injusto sistema. Al final se establecen redes clientelares, con implicaciones de gobiernos locales y nacionales corruptos, con condiciones laborales fuera de todo control, por no hablar de las medioambientales.
En Bolivia se puedo ver hace pocos meses el conflicto existente entre estos dos tipos de minería que acabó con muertes incluso de un representante de la administración. En la minería del oro boliviano se dan las condiciones y las tensiones de otros sitios de la tierra.
Otra industria ligada a estos países ricos en materias primas es la de las armas, las guerrillas y los mercenarios…con brutales consecuencias para la población civil. En Iberoamérica lo normal es que una mina esté vallada y acuartelada de cabo a rabo. En muchos casos cumplen doble función: controlar la zona de intrusos y a los trabajadores en régimen de esclavitud.
Económicamente, en la minería “legal”, las regalías (o impuestos por explotación de la transnacional) son insuficientes o un mero trámite para justificar los desmanes; así lo han denunciado asociaciones de derechos humanos, y la misma Iglesia Católica en múltiples ocasiones, tanto en Iberoamérica como en la misma Filipinas.
Pero no podemos olvidar lo que socialmente rodea a muchas de estas zonas, siendo focos de trata de mujeres, drogas y alcohol; éstas son en definitiva las ofertas culturales a cambio de las riquezas robadas.
En este marco, olvidar la perspectiva Norte-Sur, es olvidar las causas de los problemas, y no poner el foco en el robo, o en la misma promoción de los pueblos, es sesgar el análisis y cerrar las verdaderas soluciones.
Redacción: Solidaridadnet

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